Crónica de un robo presentido

13:00 Llego a Hiper Paiz de la Roosevelt y espero a que el policía de la entrada llene el ticket, más que poner el número de placa parece escribe una oda la P de particular o al boomper del carro.
13:08 Busco parqueo, hay una señora que guarda las cosas en el baúl y luego sube a su auto, pero pasan los minutos y nada, la observó y está hablando por el celular. Por fin, veo un lugar vacío, hay una carreta atravesada, como no tengo la más mínima intención de bajarme a moverla, doy otra vuelta en busca de un lugar donde estacionarme.
13:25 Por fin estoy a la puerta de la tienda, me deprime tener que venir cada semana y enfrentarme a ese montón de personas que pelean por una carreta, una canasta o por pasar primero.
13:40 Mientras observo que aumentó el precio de la azúcar dietética, veo como una mujer regordeta y colocha se lanza sobre mí, me quito, a ella si que le hace falta este tipo de productos.
Minutos después…justo frente a la góndola de las gelatinas, la misma mujer se estira sobre la carreta en la que llevo mis cosas, otra vez, pienso y volteo de nuevo a la góndola para tomar un flan de caramelo.
14:15 Llego a la caja, la cola como siempre camina lento, ojeo una revista, luego otra, no hay manera de hacer eficiente y rápido el servicio, sin tan sólo habilitarán todas las cajas que hay.
14:28 Le repito el NIT a la cajera y por milésima vez explico que Navas es con V, no con B. Luego, cuando me dice lo que debo pagar, busco y no encuentro mi billetera en la bolsa. La vacío y nada. Esa mujer. Seguro me sacó la billetera de la bolsa cuando se abalanzó sobre la carreta.
14:40 Mientras llamo por el celular para bloquear la tarjeta de crédito, espero a que la empleada de la agencia bancaria que está en el supermercado me atienda y cancele mi tarjeta de débito.
Son ya las tres de la tarde, aviso en “Servicio” al Cliente, lo que me ocurrió, una señora que espera algo ahí mismo, me dice, “eso le pasó a mi vecina la semana pasada”. “Acá hay seguridad para que no se roben los productos, pero no para las personas”, dice
15:25 El tráfico está insoportable, además de la indignación que me provoca que me roben de esa forma, que además me hace sentir estúpida, me revienta pensar que por casi nada de dinero que se llevó esa mujer, voy a tener más de una semana de trámites.
16:00 Por fin llego a la comisaría, estación u oficina de la policía que me corresponde.
Entro y me encuentro con un señor parado en la puerta, luego llega el oficial y me pregunta “que se le ofrece”, le digo que voy a poner una denuncia, pero que el señor estaba antes que yo. Me mira y me dice, siéntese, le digo que gracias, pero que el señor llego antes, y me contesta “así no procede seño”, al menos me dijo seño y no señora.
Me siento y empiezo a dar mis datos y relatar el incidente. ¿Cuánto tiempo ha transcurrido?, ni idea, a cada palabra que escribe el oficial González llama a la oficial De León para peguntarle a ella, si así es.

Por fin me dice que ya, que vaya a la fotocopiadora de la esquina y que le saque tantas copias a la declaración y tantas otras a otra hoja sin llenar. Le obedezco, que otra. Miro el reloj y ya son las cinco de la tarde.
Regreso y el señor que me antecedía sigue ahí, de pie, aún no lo atienden, así procede seguro, y antes de firmar, cuatro policías más me rodean, me siento incomoda, con ganas de salir corriendo. Luego de que me explican de que tres días después debo ir al Ministerio Público a ratificar la denuncia y que cargue ese papel en el carro, “por si la paran seño”, les doy las gracias de la boca para afuera y me encamino al parqueo. Los policías me acompañan son sus miradas lascivas y sus sonrisas calenturientas y morbosas hasta el carro.
Enciendo el carro, el reloj marca las 17:24 y yo estoy ahí, viendo desde la ventana como me miran y se ríen los policías, y seguro que adentro aún no atienden al señor.
Mientras avanzo por las estrechas y mal señalizadas calles, me revienta pensar en como esa tipa se habrá reído de mi luego de ver tan sólo un billete de Q10, y en como habrá tirado mis papeles y mis estampitas de San Antonio, San Cristóbal, Maximón y Jemanjá en alguna parada de camioneta, aunque también, me satisface pensar en lo defraudada que se habrá sentido de haber perdido su tiempo conmigo y no con otra persona que tuviera dinero dentro de la cartera.
Y luego, recuerdo la cara de los policías, su ineptitud y el abuso de enviarme a sacar fotocopias para poder realizar mi denuncia. ¿Para qué pago impuestos?
Y así, ya después de las seis de la tarde continúo en el estresante tráfico de la Roosevelt, sin identidad, sin comer, sin mis compras y revolviéndome en mis adentros por no haber hecho caso de mis presentimientos matutinos, cuando pensé y repensé cambiar de bolsa y llevarme sólo la licencia y la tarjeta de débito, por si acaso.

La Hora, 16 de febrero de 2006.

Comentarios

Martín dijo…
Hola Claudia!
MIra, me gustó mucho tu robo presentido!
Te mando un abracito!
Martin
Giovanni Mata dijo…
Felicidades, me gustan sus artículos.
cada que puedo los leo, me gusta su forma de escribir
Giovanni Mata

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