jueves, diciembre 31, 2009

Días de papel


El año agoniza, el viento sopla fuerte y mis dedos cambian de hojas, mis manos de libros, mis ojos de historias y mis labios sienten como el vino con jengibre se va enfriando, igual que un cuerpo con un corazón sin latidos.

Ocupé estos momentos en conocer a escritores que el tiempo no me había permitido, Halfon, Castellanos Moya y Antonio Cisneros, narradores y poeta, dueños de las palabras, claros, directos, penetrantes.

Volví a Margarita Carrera, señora querida y admirada, ella, su Sumario del Recuerdo, su Iracundiae dea y su Del noveno círculo, me hicieron respetarla más, sentirla más y querer verla de nuevo para decirle lo grande que me parece.

Sorbo tras sorbo, página por página devoré la Sexualidad de la Pantera Rosa de Efraim Medina Reyes, una canción hecha novela, una novela que traduce lo que vivimos, todos, un sube y baja de tensión, pasión y desenfado, la antesala perfecta para Escribiendo con Tourette de Renato Bianchi poetextos, cunpemas, escupidas de sentimientos, dureza y suavidad expresada con palabras, desencanto y anhelo contenido en dos lados de un texto musical también. Duros, francos, no hay que entibiar demasiado el sueño.

El año se extingue y no sólo el vino con especias y los libros me acompañaron, también permití que los minutos se fueran mientras mi mente se perdía al compás de un popurrí de música diversa: desde Violeta Parra, Renato Braz, Jorge Ben, Chico Buarque y Os Paralamas do Sucesso, hasta Madama Butterfly con Tullio Serafin, Liszt, como siempre, Daniela Licari y Brigitte Lesne.

Sólo el murmullo del viento, el trepidar de las luces y su fuerte olor a pólvora y el ronroneo de Simone escoltaron este recreo laboral que a diferencia de otras veces no recorrió carreteras, no chocó copas de gente desconocida, ni se abrigó con mantas prestadas de gente querida.

El año se apaga, como la noche lo hace con el día, como el llanto lo hace con las penas, como el silencio con la fiesta montada, como los días con las rosas amarillas. Diciembre se disipa, un año impar se pierde y yo busco en la librera compañía.

Antes de que den las doce voy acariciar a Borges, a Onetti o mejor aún a Cortazar.

La Hora, 31 de diciembre de 2009.

miércoles, diciembre 30, 2009

Sólo debemos ser humanos

Como todas las mañanas Matilde se apresuró a servirse el café y recoger los cojines que la gatita había tirado del sillón al igual que todas las noches. Encendió el carro, prendió la radio y sintonizó la emisora en donde además de funestas noticias indicaban la situación de tráfico, lo cual en más de una ocasión le había servido para buscar una ruta alterna y llegar a tiempo a la oficina.

Absorta en sus pensamientos, gesticulaba un poco de asco al escuchar la voz del machista diputado oficialista, quien argumentaba a favor de los impuestos y luego volvía a su mente el listado de pendientes: el informe, los regalos, pavo no mejor un jamón con miel, llantas nuevas y aquella solicitud enviada a esa universidad en España de la que nunca tuvo respuesta.

Las calles estaban saturadas, parecía que las normas dictadas por la Municipalidad no existían, era temprano y enormes camiones circulaban en todos los carriles, nublando la visión un metro adelante y peleando los pocos centímetros de avance con los buses extraurbanos y las camionetas.

La publicidad era excesiva, en las vallas, los buses, los carros, en la radio, en el celular, sí, de eso se dio cuenta cuando su teléfono sonó y divisó un mensajito de texto en donde la felicitaban por ganar algo si enviaba…. No supo que debía enviar, un golpe seco, la hizo voltear y ver una pistola apuntando a su cabeza, mientras unos ojos vidriosos la miraban fríamente y le hacían entender que bajara la ventana y entregara el teléfono. La respuesta fue automática, vidrio abajo, mano que se extiende y entrega un aparato a una mujer, de esto estaba segura, que abrazaba la cintura de un tipo que presionaba con fuerza el timón de la motocicleta; ojos en los vehículos vecinos que miran sin voltear, quizá agradecen no ser ellos, dos motos que aceleran y se pierden entre los carriles atestados de autos, temblor de piernas y tenga usted feliz navidad… que la paz reine en su hogar… sonando en la bocina de su auto y en la del vehículo de al lado.

Tres metros adelante un oficial de Emetra se soplaba las manos para sentir calor, al escuchar su queja suspiró y le pidió el número de placa de la moto, ¿quién se fija en eso mientras una pistola apunta su cabeza? ¿Y qué pasó con un sólo pasajero en una moto? ¿Qué fue de las promesas de seguridad del nuevo Ministro de Gobernación y el mandatario? ¿Cuál feliz navidad, cuál paz…?

Rumiando su enojo, su impotencia, renegando de la vida y su mala suerte, frenó de golpe varias cuadras después, un niño pequeño tiritaba de frío con un bebé a cuestas y unos periódicos en las manos.

Siempre es fácil quejarse, sentirse el centro del mundo y maldecir. Es muy sencillo, ponerse un suéter para mitigar el frío, comprar comida para apaciguar el hambre, comprar un teléfono nuevo, llamar al seguro si el carro se detiene o sentarse a llorar cuando algo molesta, y es tan difícil mirar hacia otro lado, sonreír, extender la mano, compartir algo y ser un poco más humano.

La Hora, 24 de diciembre de 2009.

Contando los días

En estas fechas siempre se espera un regalo, uno al menos, además de abrazos, más de lo acostumbrado, existe un pretexto que permite expresar esos deseos quizá de siempre, pero que como quién sabe que puedan pensar es mejor obviar y alzar la mano, juntar los cachetes tirando los besos junto con los microbios para que el viento los reciba.

En estas fechas siempre se espera una flor, una pascua al menos, para decorar, para adornar las tumbas de los que se han marchado, para deshojar -al menos Simone-, aunque no sea amarilla, y no tenga espinas.

En estas fechas siempre se espera el frío, yo lo añoro, buscar en el closet los suéteres guardados, tomar vino caliente, ponerme una manta para ver las luces actuando de luciérnagas y pasar los minutos y quizá hasta las horas, sólo ahora es posible.

En estas fechas siempre se espera ver a las y los amigos, los que han llorado, reído, bebido y fantaseado con una; los que reclaman atención, los que dan cariño, los que invaden el corazón, y se clonan además para iluminar nuestro camino.

En estas fechas siempre se está con la familia, físicamente con unos con otros a través de una canción, de un sabor conocido; se dice con miradas, con roces de manos, con la mesa puesta lo que se siente a diario, lo que importan, lo que valen, lo que son, somos, al final somos eso, lo mismo.

En estas fechas siempre se ablanda el corazón o de pronto el bolsillo, y no hablo de ofertas, obsequios y colas, hablo de monedas, de pan, de sonrisas, de abrigo.

En estas fechas siempre se hace un recuento del año: lo vivido, lo alcanzado, lo perdido, se renuevan planes, se descartan ideas, se sueña, sí, ¿por qué no?, se estima y se ordena.

En estas fechas siempre se espera un regalo, un abrazo, cariño… Santa Claus vino antes, dadivoso, especial y acertado y es que claro, me lo tenía merecido. En estas fechas siempre una espera…, y yo espero enero como Silvio Rodríguez esperaba abril.

La Hora, 17 de diciembre de 2009.

Linchamientos

Nadie está de acuerdo sobre cuántos se han dado. Unos dicen que son 46, otros 41 las víctimas de linchamiento. Unos los aplauden, otros los rechazan. Yo no sé qué pensar, lo único que es evidente es que este tipo de situaciones, llevadas al límite, son el resultado de la incapacidad del Estado para garantizar seguridad a las y los ciudadanos.

Y digo Estado sin puntualizar en Gobierno, porque no es nada nuevo, ni se lo puedo achacar directamente, aunque esto no le resta responsabilidad de lo que ocurre a la actual administración.

La gente está harta, cansada de ver cómo lo obtenido con esfuerzo y trabajo se evapora por el temor a perder la vida, a ser secuestrada; la gente está desesperada y la desesperación mueve; la gente está insatisfecha, insegura, y abandonada y de eso no hay duda.

Huehuetenango un día, Salamá otro, la zona 11 el fin de semana y Sololá muy frecuentemente, más en estos días, en donde toda la concentración debe estar en salvar al Lago, y lo digo así porque como acá todo es posible y las cortinas de humo son familiares en nuestra cultura, pienso que de pronto puede haber gato encerrado en este tipo de situaciones en ese lugar.

Lo pienso y lo reafirmo, porque no comprendo cómo, luego de que ocurriera un linchamiento en Sololá, las autoridades se duermen en sus laureles sin tomar medidas para que esto no se replique en otros municipios. Y es que este es un lugar propicio, por el turismo, el consumo, la circulación de capital, porque es un lugar adecuado, dada la ineptitud de las autoridades locales.

Quien quita no, sin embargo, sigo pensando en esto, en esas imágenes grotescas de un cuerpo quemado, en esas noticias en donde víctimas inocentes, niños y niñas salieron lastimados, en ese lugar al que quiero tanto, y que para mí ha sido siempre sinónimo de tranquilidad, tan alterado, como perdido, abandonado.

No hay otro país en América Latina, quizá en el mundo, con indicadores de linchamientos como Guatemala, y es que quizá el irrespeto al goce de los Derechos Humanos, a la vida, es ya demasiado.

Justo hoy se conmemora el día de los Derechos Humanos en un país en donde son casi inexistentes, hoy se anima a vivir en armonía, a parar la discriminación, a respetar la diversidad y a celebrar la vida, mientras lejos de la ciudad la gente toma la justicia por su cuenta, porque no hay quién puede defenderlos, no hay quien pueda hacer valer la justicia, o porque quizá esa palabra está por acabarse de nuestro vocabulario.

La Hora, 10 de diciembre de 2009.

miércoles, diciembre 09, 2009

¿Diferentes?

Todo lo que es distinto asusta, todo lo que no comprendemos o no queremos lo repelemos, así es la vida, así es Crash, la película de Paul Haggis ganadora del Oscar a mejor película y reflejo inmaculado de una sociedad que se resiente de todo y por todo.

Posición social, cultura, raza, creencias, poder, situaciones, vivencias, oportunidades que nos hacen ser, actuar, fingir y en determinado momento estallar y sacar ese sentimiento adquirido, heredado o bien contagiado que suele llamarse racismo.

La discriminación, la xenofobia y los estigmas están perfectamente delineados en esta película en la que una serie de personajes diferentes tienen encuentros y desencuentros en los que evidencian, todos y cada uno de ellos, ese sentir.

Se quejan de la discriminación que viven y sin embargo, manifiestan actitudes similares a cada momento. El estigma que crea el color, o la forma de vestir conduce a la violencia de un lado o de otro.

Más que un filme violento, como muchos creen, esta una cinta con un mensaje que busca la reflexión y el cambio de actitud.

Una reflexión que debe hacerse a diario, sobre todo en Guatemala, un país multiétnico, multicultural y con grandes diferencias sociales, misma que debe partir desde las familias, los colegios y escuelas, en los lugares de trabajo y en los medios de comunicación.

Vivir en paz, implica tolerancia, respeto y aceptación.

Si no hubieran colores en el mundo y todo fuera blanco o negro, si no existieran sabores distintos, aromas diferentes, si todas las texturas fueran sólo lisas, si todos riéramos al mismo tiempo, si a todos nos gustara exactamente lo mismo, ¡no sería este un lugar aburrido!

Tal y como reza el refrán, en la variedad está el gusto, y en la sana convivencia creo que estaría la paz.

Vale la pena ver esta película, vale la pena leer además "No te limites, vive en color", El racismo y la intolerancia en España en la mirada de la prensa, el arte y la cultura y Racismo y genocidio en Guatemala, entre otros.

Y vale la pena hacer un esfuerzo que a la larga deje de serlo y se vuelva una forma de vida, sin prejuicios.

SIMONE




Fuego

Quiero prenderle fuego a la tristeza, no sólo a la mía, esporádica y sin sentido muchas veces, si no a esa cargada de angustia, de miedo, de desesperanza, porque pese a que casi dos años atrás nos engañaron con ilusiones verdes, solidarias y populares, no hemos visto nada que nos haga pensar que la calma está por venir y que el camino que lleva este país que conduce un piloto incierto es el correcto.

De manera simbólica quisiera arrancar esa visión de manos extendidas tras el vidrio del carro y convertirlas en manos modelando plastilina o empuñando un lápiz.

Quiero que arda en esa hoguera transformadora toda la impotencia que acumulan cientos, si no miles, de personas vestidas de luto y a la espera de que la "inteligencia" nos dé seguridad y sosiego.

Encender una hoguera para purificar mis sueños y las de esas mujeres del altiplano que bajo la lluvia y el sol esperan por remesas que compran un voto, pero que no transforman su realidad, su entorno ni su destino.

Ver convertida en cenizas esas armas que gradúan niños, adolescentes aún, en criminales, esa pólvora que aniquila el porvenir y siembra rencores.

Quiero que el viento se lleve las bizantinas y cachurecas defensas de moralidad que sólo ayudan a aumentar los indicadores de niñas y adolescentes embarazadas , infecciones de transmisión sexual, VIH y subdesarrollo.

Metafóricamente, ver consumirse el oportunismo, la codicia y la ineptitud de muchos funcionarios públicos amnésicos, insolentes e hipócritas.

Que el fuego arda, que acabe, que destruya, que borre a quienes violentan a un pequeño, a quienes maltratan a una mujer, a quienes contaminan el ambiente, a quienes teniendo la oportunidad y la obligación además, de garantizar la vida, la armonía y la paz, se ríen al verse retratados en los medios, se congratulan al creerse misericordiosos por inaugurar un chorro, cuatro paredes y un pizarrón, a quienes nada de esto les importa, porque bolsillos llenos, corazón contento.

La Hora, 3 de diciembre de 2009.

martes, diciembre 01, 2009

Día del Periodista

Por el día del periodista reproduzco en este espacio el editorial del Vespertino La Hora del 30 de noviembre, con el cual coincido totalmente.

El día que tuviéramos que celebrar el Día del Periodista en medio de agasajos y el beneplácito de quienes detentan el poder, seguramente sería la fecha en la que se debería reconocer que el gremio, en su conjunto, ha claudicado y que dejó de cumplir con su función. Y no es que la misión del periodista sea criticarlos, sino simplemente que es un hecho comprobado que la simple publicación de los sucesos como son y no como los ven los funcionarios, genera un malestar profundo y resentimiento que se manifiesta de muchas maneras.



Cuando los políticos están en la llanura, los periodistas son sus mejores amigos y les buscan con afán para que den cobertura a los actos. Lo que en esas circunstancias se publica y que molesta a los de turno, es aplaudido por los de la llanura que alaban la "objetividad, imparcialidad y profesionalismo" de la prensa que no se vende. Pero todos, sin ninguna excepción, cuando llegan al poder, cambian radicalmente su enfoque y empiezan a ver en todas las publicaciones mala intención, ganas de fregar y animadversión de la prensa.

Es este un buen día para reflexionar sobre nuestra profesión y ese fenómeno que se repite cada vez que alguien asume el poder porque se trata de una constante propia, indudablemente, de la naturaleza humana. Aquellos políticos que aplaudían la forma en que la prensa divulgaba los hechos de corrupción en gobiernos anteriores, al llegar al poder sienten que las publicaciones son de mala leche, respondiendo a perversas intenciones sin acordarse de cómo ellos celebraban y aplaudían idénticas noticias y enfoques cuando eran otros los que gobernaban.

Los peores en todo esto son los mismos periodistas que, nombrados para un cargo público y al servicio de los gobernantes, no sólo despotrican contra sus antiguos colegas, sino que traicionan sus pasadas convicciones. Del político uno sabe que vendrá esa metamorfosis porque cuando se acostumbran a la frase lambiscona que les elogia hasta los defectos, no pueden entender cómo alguien ose criticarlos. Aparte son esos "periodistas" que pasan a mamar de la ubre del Estado y se convierten en los censores de la prensa, especialmente con el control de las pautas publicitarias, quienes sepa Dios cómo celebrarán este día a sabiendas de que tienen que armarse a como dé lugar porque su comportamiento les aleja de la profesión que antaño ejercieron.

Un año más, de los muchos dedicados a este oficio, nos permite afirmar que nada hay nuevo bajo el sol. Sufrimos los mismos resquemores de antaño y vivimos con las mismas satisfacciones de siempre. Los que hoy están y se sienten poderosos, tarde o temprano bajarán del zapotal y, aunque millonarios, dejarán de ser lo que son mientras el odiado periodista estará siempre allí.

BJ


Si a veces me siento como Bridget Jones, acabada, confundida por sonrisas que conducen luego a la tristeza y bebo,
ridícula fuera de lugar y a pesar de eso alegre y bebo,
sola, unida al control remoto de un televisor como única compañía y bebo,
feliz con amigos poco comunes pero amigos y bebo,
un poco pasada de peso con intentos fallidos de dietas y ejercicios y de nuevo bebo, segura de que el derecho se impone o se impondrá en mi vida, pero luego me veo totalmente corrompida y bebo y bebo y bebo

Por gastar en publicaciones como esta, el Gobierno le arranca a muchos niños la refacción de la boca

No más

Ella pensó que el amor lo cambiaría, que esa actitud prepotente a veces, otras hostil, que esa ligereza de miradas y las muchas copas de más eran producto del consentimiento de su madre, de las carencias vividas en el hogar, del abandono de un hombre al que nunca llamó papá. Seguro sería un buen marido, no querría repetir la historia, propiciar esos sentimientos de abandono y tristeza que había vivido en su niñez y que por el cariño le había confiado en esos momentos en que la noche es más oscura y los cuerpos se amansan.

Ella creyó que él iba a adaptarse, que era cuestión de tiempo, que los compromisos, los gastos, el trabajo y el tráfico eran los responsables, al fin todo es cuestión de acostumbrarse, de entrar al aro y que al venir los hijos, se iba a suavizar.

Ella escuchó en silencio los insultos, confiada esperó entre sollozos sus ausencias, ignoró con pasividad las imposturas y disfrazó con maquillaje los golpes. Total, a quién no le ha pasado esto, todo el mundo tiene problemas, cada quien maneja el estrés de distinta manera, y al final de cuentas, el amor es sufrido y bondadoso….

Su madre le sugirió aguantar, sus hijos lloraban cuando él amenazaba con irse, su suegra siempre hablaba de la devoción que toda mujer debe al marido, en la salud y la enfermedad le dijo, y es que el alcohol enferma.

Su vecina le recomendó dejarlo, pero el miedo, la soledad y la angustia no le permitían reaccionar. Su instinto… no supo hablarle a tiempo.

Ella amaneció…, más bien, su cuerpo sin vida fue encontrado por su hijo mayor una mañana de mayo, el rostro con una expresión de espanto, y con sangre coagulada cerca de los labios.

Ella, ellas en realidad esperan, creen y confían y luego se convierten en una nota roja de un diario, en una estadística terrible en el país, en el objeto del deseo, del abuso y de la vida de un macho.

No más violencia contra las mujeres, nunca más, jamás.

La Hora, 26 de noviembre de 2009.

viernes, noviembre 20, 2009

Y aún así nacen, crecen, se reproducen y mueren

Si la Convención sobre los Derechos del Niño fuera una persona, hace dos años habría llegado a la mayoría de edad en un país en donde, pese a la ratificación de esta Convención y la existencia de leyes importantes, quizá hasta de avanzada como la Ley de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia o la Ley de Adopciones, mueren diariamente a causa de la violencia de dos a tres menores de edad; en donde más de 20 mil niñas y adolescentes de 10 a 19 años se embarazan; en donde cientos de niños y niñas viven padeciendo desnutrición crónica y otros tantos mueren.

Impactante o de pronto no tanto, nos hemos acostumbrado a todo esto, y hablar de violencia: baleados, degollados, recién nacidos alcanzados por balas pérdidas, niñas abusadas sexualmente, explotadas en lupanares, niños y niñas pidiendo limosna en las calles, inhalando pegamento, niños con el cuerpo deformado por las largas jornadas laborales bajo el sol trabajando inclinados, niños mutilados al manipular pólvora, infantes sin nombre, sin escuelas, sin comida, sin atención médica, ciudadanos de un país amnésico, ignorante, habitantes de un país fallido.

Si la Convención de los Derechos del Niño fuera una persona nacida en Guatemala, sería el vivo ejemplo del subdesarrollo y el abandono por parte del Estado, ilustraría muy bien esas diferencias entre países pobres e ingobernados y países sólidos y desarrollados.

Sí, si esta Convención fuera una persona viviría en un lugar en donde su voz fue inexistente durante muchos años, y quizá aún lo sea, en un país en donde la política y sus protagonistas sólo aparecen cada cuatro años, en un país en donde el miedo ya no se percibe porque se ha incorporado a su imaginario.

Si la Convención sobre los Derechos del Niño fuera una persona, sabría ahora ya en la edad adulta lo que es la demagogia, la habría vivido en carne propia, entendería perfectamente el significado de exclusión y desesperanza.

Letras duras, realidades terribles, 20 años de mínimos avances y enormes desafíos que no pasan de un discurso partidario, de un beso de Judas y juguetes baratos en época navideña.

La Hora, 19 de noviembre de 2009.

él

su voz me desagrada, no, no sólo su voz, su semblante, esa queja constante, el lloriqueo, la victimización, la forma en que se contradice, sus análisis de la realidad (si es que son propios), la doble moral, la amnesia, la inclinación de su cabeza cual ave con sueño, sus dedos alargados y filosos como los de Mr. Burns, no, como los de Sméagol, del Señor de los Anillos, su egocentrismo potenciado 20 veces por los serviles empleados, digo personas de confianza, funcionarios, anyway, que le hacen sombra, que le aplauden cual bufones sus gracias y en la mayoría de ocasiones sus desgracias, los que cobran salarios excesivos por portar un pin, por haber formado un ave con las manos que simboliza algo que no se vive en este país, en época de campaña, o perder el tiempo armando clubes absurdos en Facebook, restándole así valor a una red social tan importante, y restando la posibilidad de comprar con tan jugoso salario, medicinas o el pago de 6 a 8 maestros; la poses de él y sus aliados, el patrioterismo que derraman, la interculturalidad que no comprenden, la ligereza de palabras, el uso excesivo de metáforas tontas, ¡ah! y de aviones privados, la utilización de nombres, personajes y líderes, sus lágrimas de cocodrilo y las disculpas ajenas, me aburre, me incomoda, me fastidia ver su fotos, tan sólo leer su nombre ya me cansa, me ofende su ignorancia, que es mucha, sus impertinencias me desquician, sus ojos que no se fijan me alteran, su hipocresía (y hablo en plural totus tuus, él y ellos) me insulta, nos, porque él dijo pueblo sin entender lo que abarca; su solidaridad rebasa el surrealismo, su intolerancia a Adán y Esteban lo reflejan, su rostro desencajado a veces, otras completamente flemático, ilumina lo que nos hace, y sí, me desagrada, insisto, lo alucino



pd: cualquier parecido con él personaje de Las Chicas Superpoderosas es pura casualidad

La Hora, 12 de noviembre de 2009.

martes, noviembre 10, 2009

Shumo

Lo vi acercarse en su pathfinder negra, una cabeza rapada salía por encima de la portezuela abollada junto con el estruendoso sonido de algo que se confundía entre reggaeton y hiphop. Al ver sus labios retorcerse en un piropo barato me hundí en mi pequeño vehículo, espacio seguro contra adefesios de esa calaña.

El semáforo me permitió, sin quererlo claro, darle alcance, iba justo detrás de esa camioneta oscura con placas de Los Ángeles enmarcadas en luces neón color morado.

La luz ya había dado verde y el vehículo permanecía quieto mientras el individuo volvía a emerger de la ventana y vomitaba expresiones mezcladas en un inglés mal pronunciado, revueltas con lugares comunes, de lo que un día fueran frases galantes, hoy tan solo resabios de calenturas expresadas verbalmente.

Mi bocina se agotó, cinco cuadras habían pasado y en cada parada era lo mismo: adolescentes con uniformes a cuadros, señoras de falda de embudo, una empleada doméstica cargada con una mochila. Todas era sujetas de sus miradas y de sus libidinosas palabrerías.

No pude más y rebasé al auto rodado, obviamente, y justo llegando a la 5ª. avenida pude ver de reojo al macho man que lo conducía, robusto por no decir obeso, moreno, pelón al rape, con t-shirt sin mangas, cadena chapeada de oro al cuello, guanteletas y un diente con casquito plateado. Tal como lo había imaginado, un perfecto ejemplo de lo que la alienación produce, y la baja autoestima esconde, así no más, recién venido del norte ostentando su cheap power en un espacio “selecto”.

Somataba las manos contra el timón y alzaba la ceja cual dandy en artículos mortis. Dos cuadras más adelante se vació en chusquedades e insultos contra un homosexual presuroso vestido del mismo color que sus adornos neón en la placa.

El tráfico me impedía avanzar y mi desprecio crecía a medida que miraba más al tipo ese. Se embutió un dedo en la nariz y presionó repetidas veces la bocina, que imitaba un chiflido de albañil acalorado a mediados de marzo. Una mujer bastante mayor subió al carro y se sentó a su lado, vestía de negro y las gafas se detenían en la puntilla de la nariz. Pensé que los cabreos habían concluido, pero una cuadra más, la cabeza rapada salió de nuevo por la ventana, gritándole a una mujer morena que cruzaba por el paso de cebra imaginario: “Mami, de lejos te vi venir y me pareciste una groncha, si negra tenés la cara, cómo tendrás la concha”. Estupefacta e indignada alcé el cuello para ver la reacción de la señora. Ella reía a carcajadas celebrando la inspiración ofensiva, mientras su retoñó, asumo, hinchaba el pecho como muestra de hombría.

La Hora, 5 de noviembre de 2009.

lunes, noviembre 02, 2009

Este martes 3 a las 20:11

Marina


No puedo escribir en tercera persona, no al menos este artículo que intenta rendir un homenaje a una mujer encantadora. Y sí, esa es la palabra, encantadora, seductora, fascinante, no encuentro mejores calificativos para hablar de ella, de Marina la cantante, la triste borracha que engalanó el documental de las Estrellas de la Línea, la compañera de un café en la Patzy muchas tardes, la mujer que cumplió sus sueños pese a la adversidad, la pobreza, el alcohol y críticas.

Murió en una fecha impar, hace apenas tres días, cuando la tarde se vestía de oscuro y los zanates alzaban el vuelo en esas estrechas calles que miran los techos de lámina y el verde del barranco al final de Gerona. Vivió 70 años de alegrías y tristezas, sobriedad y locura, miedo y valentía, agitación y modorra, procreó tres hijos, cuatro nietos y alentó el cariño de muchos que encontramos en ella ese entusiasmo que solemos perder fácilmente al primer raspón que nos damos.

Se prostituyó abiertamente y eso lo respeto luego de conocerla, cuando muchas veces otros lo hacemos de distintas formas, con el cuerpo, las ideas hasta con los sueños, de forma solapada y aporreándonos el pecho. Gozó de un verdadero amor, que como en los cuentos de hadas culminó en su unión con el negro trompudo, quien se adelantó hacia otros aires unos años antes.

Las emociones y alteraciones con que escribió su historia me sobresaltaron a veces, me quitaron el sueño algunas madrugadas y me hicieron reír a mi y a muchos, tardes, mañanas y noches, como cuando celebramos sus 68 años en Pana, con música, caldo de frutas y chanzas.

La vi venir muchas veces subiendo por el tanque para ir a ensayar con Arriaza, celebrar el año nuevo en la casa de Evelyn o acompañarnos a El Cafetalito para comerse un pan con pierna. Presurosa un par de ocasiones dejó el café para ir a buscar la comida de Peluchín y sus múltiples mascotas a quienes vi junto a su ataúd esa mañana vidriosa del 28 de octubre.

Encontró vida en Andrés, bríos en Chema, cariño en Evelyn, conmigo no sé, pero me enseñó muchas cosas: actitud, asombro, seguridad en mi misma y me regaló sonrisas, palabras picaronas y por supuesto música.

Quedó pendiente el que me cantara Gema, lo hablamos todavía hace poco, se lo eché en cara en el San Juan de Dios, mientras ella se quejaba de lo feos que estaban los doctores.

Qué puedo decir de ella, que no hayan dicho ya, artista con todas las letras, interprete además, señora en los escenarios de España y Guatemala. Mujer coqueta, malcriada y más con tragos, la triste borracha como la canción, como su disco y video, un ser humano sorprendente. Marina, amiga, salud y buen viaje, ahí nos vemos.

"Amigas"

El silencio era insoportable. Cuando la puerta del quirófano se abrió todas las miradas se concentraron en la doctora. Ella dirigió la mirada hacia Esteban y recitó un cliché: hicimos todo lo posible, mientras posaba la mano en su hombro. Él, aturdido, empezó a balbucear incoherencias… todo fue tan rápido, no vimos que el trailer se aproximaba, intenté girar hacia el otro lado, pero el carro….

Su justificación se mezclaba con el llanto. Ernesto lo abrazó. Yo no sabía que hacer, qué decir, nunca he sabido actuar en situaciones difíciles. Mientras la doctora explicaba que debido a las circunstancias era necesario esperar a los representantes del Ministerio Público, el tipo del seguro se acercó a Ernesto para tratar de arreglar con él lo del sepelio.

Yo seguía impávida, veía a Esteban sufriendo, llorando a una mujer que no quería, no podía quererla, se había acostado conmigo, la mejor amiga de su esposa, mientras ella preparaba la canasta de la bebé como nos lo habían enseñado en la clase de educación para el hogar en el colegio.

Yo no era la única con la que él había engañado a mi amiga, lo sabía todo el mundo; la secretaria, la tipa aquella en la frontera, la perra de Marcela, como era posible que ahora se jalara el pelo y llorara a gritos por el amor de su vida.

Mientras miraba absorta esa representación magistral de dolor y desconsuelo, Ernesto me miró fijamente, está en shock, le dijo a la enfermera y corrió hacia a mí a abrazarme, quería consolarme, creía comprender mi dolor, mi actitud, mi silencio. La difunta era como su hermana dijo durante el velorio, mientras los amigos de Esteban me miraban con su pequeña bebé en los brazos.

La Hora, 29 de octubre de 2009.

Gracias

Tengo el corazón henchido de emociones, luz, ternura, esperanza (no de la política-politiquera, sino de la real), entusiasmo y fe. Mi mente tiene fresca la sonrisa de ese niño en el parque central preguntándome ¿hoy qué hay?, mientras una mujer inhalando pegamento lo veía alejarse y entrar en la Concha Acústica para ser niño un rato. Lo mismo que la niñita con el pelo quemado de sol, insistiendo en jugar ajedrez y cantando una canción de Daddy Yankee para ganarse un juego de yax. No puedo borrar la satisfacción de un pequeño de ocho años al tomar el carboncillo y dibujar en papel kraft un rostro, al poder jugar, y dejar de ser el responsable de dos hermanitos más pequeños, un encargo que le impedía ser, jugar y divertirse.

Estas cosas borraron el cansancio, el estrés, el desagradable olor e incluso hasta el miedo que en algún momento sentí al cargar un equipo de sonido desde la 5ª. avenida hasta ese espacio frente a la biblioteca.

Por eso, por esas sonrisas, esos ojos bailones, por los abrazos y llamadas solidarias de quienes soñaron ese momento tengo que decir gracias, y quiero aprovechar este espacio para hacerlo. Tengo que empezar por agradecerles a los niños y niñas, por su entusiasmo, su energía y su presencia. Debo agradecer también a Julio Solórzano Foppa, corazón de esas Fiestas de Octubre, espacio en el cual descubrí que las ilusiones al proyectarse se vuelven realidades. Gracias Lucía por incluirme en este grupo de gente maravillosa y gracias a todos y todas los de las Fiestas de Octubre, los de Acude, por lo que hicieron.

Sueno repetitiva al agradecer, pero lo creo necesario, y por eso va mi agradecimiento para Ronald y Betty, Mafer y las otras niñas de la Escuela de Niños Pintores, Frida Kahlo, a Armadillo y la magia de sus títeres, a Mr. Frango, a Sergio De León y la gente de la Unión Europea por creer en esto, a Jimena, Silvana y Paula, a Nubecita, Migajita y Pozolito, a las niñas, niños y maestros de la Escuela de Ajedrez del Centro Cultural Metropolitano, a Farnés, Guillot, Paulo y Evelyn Blanck, a las y los niños artistas y a sus papás y mamás por apoyarlos e incentivar el arte. Gracias al Bar Central, Las Cien Puertas, a Mario Cordero de este vespertino, a León Aguilera de Prensa Libre, gracias a la gente de Guatemala, y recordando a Mercedes Sosa, gracias a la vida.

La Hora, 22 de octubre de 2009.