miércoles, junio 03, 2009

4. Seguimos siedo la Patria del Criollo

La Patria del Criollo, de Severo Martínez Peláez fue un estudio que marcó la historia de la Sociología guatemalteca. Ha sido motivo de diversos análisis, se le puede considerar de culto por parte de ciertas facciones políticas, y ha sido denostado por motivos también políticos y/o ideológicos desde su primera edición, hasta la fecha.

El tema principal de la obra es un análisis de las relaciones de indígenas y ladinos en la Guatemala colonial, basado en una doctrina de inequívoco Materialismo Histórico para mostrar cómo eran y son aún en la actualidad las relaciones de poder indígeno-ladinas, en las cuales se destacan, algo que todos ya sabemos aunque en forma más bien intuitiva, opresión, exclusión, racismo, marginación y muchos otros on jerarquizados en forma vertical desde el ladinaje al indígena.

Una prueba de que esta situación prevalece en la cultura del país se refleja en una encuesta realizada por Prensa Libre, en la cual se muestra que el racismo, la exclusión y el clasismo son moneda común para muchos guatemaltecos.

El sociólogo Jorge Ramón González-Ponciano, en su ponencia doctoral en la Universidad A&M, De la Patria del Criollo a la Patria del Shumo:
Whiteness and the Criminalization of the Dark Plebeian in Modern Guatemala (http://repositories.lib.utexas.edu/bitstream/handle/2152/1555/gonzalezponcianoj48436.pdf?sequence=2), cita a Carlos Navarrete, quien dijo que ni 40 ediciones de La Patria del Criollo serían suficientes para construir una nueva Guatemala democrática. Aparte, y en contra de la obra (seminal, porque ha sido texto obligado en varias carreras de la Universidad de San Carlos de Guatemala), también cita a la estudiosa Carol A. Smith, quien se lamentó en esa casa de estudios de que todavía haya quienes la lean, puesto que Martínez argumenta en ella que la identidad del indio es, a su vez, un subproducto cultural colonial, que necesita ser erradicado por medio de la revolución social.

Estima el autor Adriano Corrales, en su ensayo, De la patria del criollo
al graffiti de la sociedad transnacional, pasando por el maximón y la carnavalización que: “La Conquista y la Colonia en Guatemala culminan en la Independencia de los nacientes estados centroamericanos (previa fase Federal con matices unionistas al estilo imperial / mexicano - Iturbide y otros) y con la hegemonía étnica y política de un nuevo actor social: el criollo, o mejor dicho, los criollos, quienes realizan la revolución liberal de 1871. Esta hegemonía proviene directamente de la dominación española, la cual redujo a la inmensa mayoría de indígenas a la bajeza de esclavos, súbditos, en el mejor de los casos. Ese criollo va detentar el poder heredado de la colonia rehaciendo e imaginando un país que siempre va a tener el carácter primario de su origen incestuoso: La madre (pater) patria (Matria), retomando una relación con el indio de vasallaje, opresión, explotación y discriminación. Dicho en otras palabras: se va a configurar como la clase dominante en un país de mayoría indígena (22 o más etnias con su propia lengua e historia), construyendo la modernidad desde el apartheid, a pesar de las reformas liberales de la segunda mitad del siglo XIX. Y va a dar origen a otro incesto étnico-cultural: el ladino (palabra peyorativa si nos atenemos al uso desmedido y pseudocientífico que se hace en Guatemala: ¿hay sectores populares ladinos? ¿Hay sectores de élite indígenas?)”. Sin duda este texto está inspirado en el análisis de Severo Martínez Peláez pero aplicado a la realidad histórica más cercana del país. Lo cual muestra que las causas de conflicto, que analiza el autor en La Patria del Criollo durante la era Colonial, aún siguen vigentes, por supuesto, en un contexto por completo diferente. (http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/corrales_adriano/de_la_patria_del_criollo.htm)
Otros autores, como Diane M. Nelson, autora de Reckoning, The Ends of War in Guatemala, reconocen a La Patria del Criollo (publicada, dicho sea de paso, en 1970) como fundamental para entender la situación actual de Guatemala, sobre todo en el periodo de posguerra. Escribe la autora en un comentario a la traducción del libro al inglés, por parte de la Duke University Press: “...esta magnífica traducción me recuerda por qué La Patria del Criollo es un libro tan vital. Lo que se queda conmigo de este trabajo es la masiva e inclaudicable labor en la cual se vieron atrapadas las étnias indígenas de Guatemala durante la Colonia. Para entender la reciente guerra civil y genocidio en ese país, así como luchas más globales, un entendimiento de la obra de Martínez Peláez es necesario”.

Greg Grandin, autor de Blood of Guatemala: A History and Race of a Nation, dice también que se trata de un “libro importante, no sólo para la historiografía centroamericana y guatemalteca, sino para una audiencia más amplia de latinoamericanistas. Se publicó en 1970 y estaba muy adelantada para su tiempo por su sutil análisis tanto de las relaciones sociales y por su visión mundial de las elites coloniales, los criollos según el título del libro. Es un trabajo que muestra como estructuralistas como Martínez Peláez han tratado de lidiar con la cultura y las contingencias de la Historia”. (Ambos comentarios están en https://www.penelopebokhandel.no/vare.php?ean=9780822343974)

De qué trata La Patria del Criollo

Martínez Peláez dejó en este libro un acre análisis del legado colonial en Guatemala. Él argumenta que, a la fecha, el país sigue en estado colonial porque las condiciones que surgieron hace siglos, cuando la España imperial gobernaba, se mantiene todavía. Según él, ni la independencia de 1821 ni la Reforma Liberal de 1871 alteraron las condiciones socioeconómicas que aseguran la prosperidad en pocas manos, a costas del bienestar de la mayoría. Esa minoría privilegiada eran los criollos durante la Colonia: descendientes de españoles nacidos en un país en donde predominan las etnias indígenas. Además, estima que la llamada dictadura del café trajo como herencia la idea de una patria, “esta patria fue por la que lucharon los criollos contra España para tomar el control de los medios de producción, para sí, entre los cuales estaba la mano de obra indígena, necesaria para explotar los recursos agrícolas. Su visión de aquel mundo es negra, su descripción de la conducta de españoles y criollos hacia los indígenas enfatiza crueldad y opresión. Pero, además, insiste en que una forma de superar esta etapa sería confrontando nuestro pasado.

Además, insiste en que para justificar esa relación vertical de poder opresivo y explotador, el ladino, actual versión del criollo, mantiene en su imaginario la idea de que el indígena es haragán, ineficiente y merecedor de todo lo que le pase. Así, logra equilibrar su falta de solidaridad y humanidad hacia ellos.

Si se analizan los Tratados de Paz de 1996 se verá que hasta la fecha nadie ha cumplido con ese cometido. Todavía estamos a la espera de un enfrentamiento con ese pasado nefasto, y con el reconocimiento de que un país racista, exclusivista y segregado no tiene a la larga un futuro promisorio.

La comentarista política Carolina Escobar Sarti, parece coincidir con que las cosas no han cambiado desde entonces, ya que escribió: “Dentro de la rígida segmentación de una sociedad de castas como la que se vivía en la Guatemala del siglo XVII, el criollo defendía hasta con los dientes su estatus central. No era la suya una patria de peninsulares, ni de negros, ni de ladinos, y mucho menos de indios. Cuatro siglos después, y a pesar de que Guatemala se ha ido configurando muy lentamente alrededor de las diversas identidades culturales que aquí convivimos, los resabios de aquél primer criollismo parecen ser el arquetipo que algunos se resisten a cambiar”. (http://www.albedrio.org/htm/articulos/c/ces-139.htm)

Entre los críticos de Martínez Peláez se encuentran los autores Edward F. Fischer y R. McKenna Brown. En su libro Maya Cultural Activism in Guatemala (http://books.google.com/books?id=Hu_lTd1cmWEC&pg=PA111&lpg=PA111&dq=la+patria+del+criollo&source=bl&ots=8vQTfvWRST&sig=1Pf6cTEtTGdCKRJAdiE1ylZ0Alc&hl=en&ei=_dUlSoPHL-LgtgfdsrXoBg&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=3): “El texto universitario La Patria del Criollo habla de la cultura indígena, en especial de los idiomas nativos, como menos desarrollados, explicando que “el lenguaje de una sociedad refleja su grado de desarrollo, del cual es un producto. Una tecnología más avanzada supone un lenguaje más desarrollado, en vocabulario y posibilidades expresivas. Las lenguas indígenas, como se hablan hoy, se sabe que están plagadas por palabras propias que carecen de traducción”. Luego, ejemplifican citando que el autor considera que sería mejor que los indígenas aprendieran español, porque así se descolonizaría a las etnias mayas. Pero ellos le responden que, en ese caso, sería mejor que aprendieran alemán o japonés, porque serían, dentro del modelo propuesto, lenguas más desarrolladas.

Claramente, se trata de una crítica fundamentada en estudios lingüísticos, sin embargo, refleja que en su libro Martínez Peláez aún considera la posibilidad de la ladinización como un recurso para descolonizar a los indígenas de Guatemala. Esta posición, sostenida también por otros autores, entre ellos Miguel Ángel Asturias en su tesis de licenciatura, siempre ha sido fuente de fuertes controversias, tanto académicas como de otra índole.

A este respecto, Ana Lorena Carrillo, del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, parecería responderles, en su ensayo Ideario social y prácticas literarias en la historia intelectual de Guatemala del siglo XX: “Cuando en La Patria del Criollo se plantea como deseo un futuro de castellanización, alfabetización y homogeneidad idiomática, se está diciendo al mismo tiempo algo acerca de la dificultad histórica en Guatemala, -aun en 1970-, para la conformación plena de una cultura nacional e incluso de un lenguaje literario en el sentido de independiente del lenguaje común. Un proceso literario así conformado encuentra en el realismo social una respuesta a la necesidad de centrar la atención en lo nacional y lo popular. A tono con ello, el realismo social responde a la necesidad de reconstruir “panoramas” que enfaticen en la unidad. La desnudez de la “verdadera” historia que plantea La Patria del Criollo, la intención expresa de “arrancar la máscara” de las versiones falseadas y de las idealizaciones seudo filosóficas, es decir su deseo de realidad, su intención “panorámica” de la historia, la heterogeneidad que puede descubrirse en su estructura, incluso sus temas y el sesgo autobiográfico que la atraviesa, acercan este ensayo a las narrativas de realismo social, acercándose así al discurso que, desde la ficción novelesca, dio voz al conflicto nacional. Entre los vestigios de la historiografía positivista, la apertura del ensayo marxista y las propuestas de la novela indigenista y el realismo social, La Patria del Criollo realiza un audaz desbroce de su propio territorio: el establecimiento, -en un país, como el Perú y otros de América Latina, de tenaz persistencia de las formas del pasado-, de una plataforma intelectual y moral desde la cual pensar la sociedad y la historia que, desde las contradicciones que planteaba la producción cultural de su época, se propone superarlas en la búsqueda de otra realidad, nueva por completo”. (http://collaborations.denison.edu/istmo/n09/articulos/ideario.html)

En resumen, se trata de una obra cuya tesis fundamental, de que los indígenas son explotados por el ladinaje, como fuerza laboral barata, sigue siendo vigente y además, la controversia que ha desatado lo sigue también. Como lo dice el autor, en sus propias palabras, en una entrevista concedida al entonces director de la Revista Nueva Sociedad, Alberto Baeza-Flores, en 1973: “Ciertamente, el libro al que usted se refiere ha despertado interés en mi país y fuera de él. En poco tiempo se han agotado una edición y una reimpresión, y ahora salen al mercado una segunda reimpresión en Guatemala y la segunda edición hecha en Costa Rica. Yo creo que el éxito del libro se debe a la necesidad urgente que tenemos de conocernos como pueblos, de saber quiénes somos y por qué somos así y no de otro modo. A su vez, esta necesidad es consecuencia de que nos hallemos enfrentados a la necesidad de introducir profundos cambios en nuestras estructuras sociales. Para programar nuestro futuro necesitamos entendernos, saber de dónde venimos y cuáles son nuestras posibilidades reales. En pocas palabras, se hace urgente elaborar la teoría del cambio centroamericano, y dicha elaboración exige cierta claridad respecto de nuestro proceso histórico. Por otra parte, la metodología empleada en mi investigación lleva el enfoque hacia niveles económicos y sociales mucho más profundos que los alcanzados por la historiografía tradicional de mi país. Se intenta en mi libro - y en buena parte se consigue – responder a la pregunta por la formación de nuestras clases sociales, y de manera especial acerca del grupo oligárquico dominante y de la gran masa de los indios. En La Patria del Criollo creo que se encuentra la primera respuesta histórica a la pregunta por el indio. Antes sólo había descripciones que nos decían cómo es el indio; no había explicación de por qué es indio. Todas estas cosas estaban siendo esperadas por la intelectualidad universitaria de Guatemala, e incluso se habían aventurado ya algunas respuestas puramente fantásticas, no apoyadas en el análisis histórico; también esas aventuras daban prueba de la urgencia a que me refiero. En dos palabras, yo creo que la aceptación que ha tenido mi libro se debe a su valor explicativo, a que es una contribución a lo propio, a que no se ha quedado en el nivel informativo”. (http://www.nuso.org/upload/articulos/101_1.pdf).

3 comentarios:

chapintocables dijo...

La discriminación contra los indígenas y negros nunca ha merecido una marcha que genere resultados. La razón es simple: solo la muerte del rico produce lágrimas en Guatemala.

MarianoCantoral dijo...

buen ensayo, y las cosas no han cambiado (mucho).

Dyvid Hernández dijo...

Wow, que artículo tan extenso... Indudablemente el libro ha sido útil para la reflexión, más no para promover cambios.