Nebaj

Pasaron muchas horas, la carretera está en construcción y hay paradas obligatorias que permiten que el trabajo se realice, yo espero.

El camino curveado se interrumpe por una población turística de calles estrechas, mucho tráfico y buses que pasan zumbando a mi lado. El paisaje empieza a teñirse de nuevo de verde, vistiéndose de rural cuando una humazón me nubla la vista, hay que parar de nuevo, hay gente que tiene algo que decir, yo escucho, aunque lo que tienen que hablar no es comigo.

Son los conductores de los buses que reclaman la presencia del gobernador de Quiché para que les garantice seguridad. Si las palabras bastaran, llegará, llegó más bien y el camino se despejó, yo ya iba lejos.

“Los caminos solidarios no son como yo pensaba, como los imaginaba, son muy difíciles de andar”, tramos de terracería con cráteres gigantes, cunetas a los lados, solitarios, perdidos, olvidados…

Pasaron muchas horas, la urbanidad de Santa Cruz con sus ruidos de carros y música hip hop celebrando el día de Tecún Umán en el parque, corta la música del recuerdo que acompañaba mi recorrido.

Continúo, el camino ahora es pronunciado, cuesta arriba y con más vueltas, el paisaje perfecto. No todo es tan malo como parece, de un lado y a otro veo verde. Las pequeñas casas que se yerguen entre la s montañas con ladrillos de adobe, techo de teja y columnas de madera, marcan la diferencia entre las demás construcciones del camino del occidente.

Pasaron muchas horas, para mí, pese a todo bastante cómodas si las comparo con la de esas mujeres ixiles que descienden de un bus extraurbano, su rostro cansado, sus cuerpos entumecidos por la apretazón, su cabello y tocado empolvados.

Cuánta pobreza, cuánto abandono en esas calles, cuánto llanto se habrá derramado en ese cementerio que techa las cruces de sus muertos, cuántos miles de personas ya no están…

No todo es tan malo, hay sonrisas en sus miradas, hay sueños en sus manos y corazones, hay palabras de aliento para quien se derrumba al ver unos pies descalzos, lastimados. Hay color en sus trajes, los más bellos, hay tanta desazón en mí, tanta tristeza, tanta rabia, tanta impotencia.

Pasaron muchas horas, estoy de nuevo en mi paisaje de cemento, con un vacío en el pecho, sintiéndome también culpable por tanta diferencia. Todo es muy malo cuando lo veo así. Pasarán muchas horas, cientos, miles y como el camino estas mujeres ixiles seguirán solitarias, perdidas, olvidadas…. Cómo me duele.

La Hora, 26 de febrero de 2009.

Comentarios

William Romero dijo…
Realmente, es difícil no darse cuenta de la desolación en que se vive en algunos sectores en el interior (solo los diputados y funcionarios no lo ven).
ixmucane dijo…
Estimada cronopia,
es bueno saber que, en esta época en que la teoría de que "cada uno es responsable de su destino" ha invadido hasta las (pseudo-)religiones, todavía hay gente solidaria. Y, como Ud dice, el camino de la solidaridad es difícil, porque la sensación de impotencia es muy fuerte. Sin embargo sus escritos concientizan, y eso ya hace una diferencia.
Leon dijo…
Yo creo igual que Ixmucané, ser solidario no es fácil, como decís en la nota, pero es un camnio seguro al desarrollo de una mejor convivencia. Cada uno es responsable de sí, definitivamente, pero no podemos sustraernos a nuestros entrnos, social y biológico. Si lo destruimos, o ayudamos a ello, nos vamos de corbata.
regina dijo…
También me duele.

Entradas populares