Ni de aquí, ni de allá

Now i wish i had a dime for every single time
I've gotten stared down for being in the wrong side of town.
And a rich man i'd be if i had that kind of chips
Lately i wanna smack the mouths of these racists.
No, no es sólo el título de la película de la India María, que bien define la situación de las y los migrantes, seres humanos sin cabida en ningún lado.

Se fueron de acá y no por gusto, ni siquiera en la búsqueda del “sueño americano”, porque ya se sabe que es más una pesadilla, se marcharon por miedo, por hambre, por tristeza, porque acá ya no había más que hacer, porque las posibilidades se habían agotado, porque la única salida era delinquir, traficar o morir.

Anduvieron miles de kilómetros sudando angustia, jugándose la vida entre frontera y frontera, pagando con su cuerpo, quizá hasta con el alma, con tal de cruzar ese río que divide a nuestros vecinos del norte de los todopoderosos señores del imperio yanqui.

Ya allá, explotados, humillados y discriminados, sobrevivieron sus días temiendo a la migra y recordando a los que quedaron atrás.

Sin embargo, las autoridades gringas, no satisfechas con todo lo que estas personas generan económicamente hablando en sus impasibles tierras, deciden pisotear aún más su dignidad y marcarlos como reses con hierro candente, encarcelarlos, mancillarlos y enviarlos cual ladrones, criminales esposados y amontonados de regreso al país en donde sus derechos nunca les fueron cumplidos.

Ya acá, como un círculo, la historia se repite, se les irrespeta, se les agrede, se les ignora. El Gobierno, este y los que han pasado, han sido incapaces de lograr acuerdos para proteger a nuestros compatriotas, eso sí no sen han perdido un viaje, ni una cena o acto televisado con Bush y sus ángeles caídos.

No logran nada con ellos, ni tampoco hacen nada acá, más que pedir pañales y frazadas. Como siempre apelan a la caridad del chapín como en otros casos, en lugar de asumir su papel, y hacer algo. Se excusan, ponen cara de abatimiento y se culpan unos a otros, mientras las familias que vivían de las remesas mueren de hambre y se ahogan entre el dolor y la miseria y los migrantes encarcelados siguen esperanzados, dispuestos a desandar el camino que los trajo de regreso porque, de dos males, no les queda de otra que elegir el menos peor.
La Hora, 24 de julio de 2008.

Comentarios

Leon dijo…
Debe ser fregado estar en esa situación, se arriesga el todo por el todo y en todas partes se es un paria. Feo, pero peor, volver al país natal para ser tratado con la punta del caite. Buena columna, muy humana y de un tema de plena actuaidad.
Anónimo dijo…
Estupenda columna, sí señora. Me tocó especialmente la fibra...el tema. Son gente tierna, los inmigrantes...y valiente.

Besos,

claudia 2 o claudia 1 según el lado del charco. :-)

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