Dimitiendo como mujer moderna

Hace unos días recibí un correo electrónico con este título en cuyo contenido una mujer, supongo, profundamente desesperada, cansada, aburrida, sola, se queja de su vida, sus labores, su soltería en párrafos como: “Me gustaría saber quién fue la bruja, la matriz de las feministas que tuvo la infeliz idea de reivindicar los derechos de la mujer”; “...porque descubrí que es mucho mejor servirle una cena casera a mi marido, que atragantarme con un sándwich y una gaseosa mientras termino el trabajo que me traje a casa”; “...estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus…”.

A la autora de este mensaje quisiera recordarle algo antes de que “dimita de su puesto de mujer moderna”.

Tal vez aquellas abuelas, como dice el correo, tenían una posición social privilegiada, pero a través de la historia podemos ver cómo las mujeres han trabajado siempre por su supervivencia y la de sus familias, además, sin olvidar que el trabajo de la casa, el cuidado de los hijos, la preparación de los alimentos es precisamente eso, trabajo, e implica responsabilidad, tiempo y esmero.

Y si ella (la autora del spam) está cansada de laborar en la calle, de conducir su vehículo, de estar sola, hay quienes sí encuentran, encontramos, satisfacción en nuestro trabajo. Así que, amén por esto y porque mujeres como Rita Levi-Montalcini, Gertrude B. Elion, Christiane Nüsslein-Volhard o Rigoberta Menchú han obtenido el premio Nobel por sus aportes a la ciencia, la salud y la paz del mundo.

Le recuerdo a quien escribió este correo que la inclusión de las mujeres al mundo laboral se debe a las necesidades por satisfacer en las familias para poder desarrollarse en un mundo tan competitivo y que, si esas “brujas” no hubieran luchado como lo hicieron, muchas mujeres cabeza de hogar no tendrían hoy la oportunidad de disfrutar un salario justo. Si no fuera por ellas no habría servicios pre y posnatales y si no fuera por ellas, no habría en este mundo hombres que en algunos casos son los “mariditos” perfectos, proveedores y fuertes.

Por ejemplo, el derecho a escoger pareja sin imposiciones, el derecho a educarse, a la salud y, en este sentido, todas las batallas que se han librado y que se siguen librando por usar anticonceptivos que permiten a las mujeres espaciar sus embarazos y tener o no hijos. Además de otros derechos reproductivos están los sexuales, el disfrute, el goce, porque estoy segura de que la autora del correo no sabe que el sexo antes era una obligación hacia el marido, sin importar si la mujer lo disfrutaba, si quería o no.

El derecho al voto, aunque con políticos como los nuestros no culparía a una mujer si dimitieran de él, es importante para nosotras porque nos permite elegir y ser parte de lo que nos rige.

Debería tener en cuenta que, pese a los avances que se han dado, aún imperan altos índices de violencia contra la mujer, que las niñas son las menos favorecidas con la educación, que aún hay países en donde el machismo es tal que deben llevar el rostro oculto.

La historia da cuenta de todo lo que se ha logrado gracias al esfuerzo de las mujeres, a sus reivindicaciones y también las noticias y la vida misma explican cómo aún, pese a todo esto, muchas, muchísimas mujeres, sufren por la violencia y la discriminación. La invito a que lea, a que reflexione y entonces cobre conciencia de lo absurdo que es pensar en dimitir de ser mujeres, no modernas, sino exitosas y humanas en todo el sentido de la palabra.

La Hora, 21 de junio de 2006.

Comentarios

Duff Man dijo…
Excelente respuesta Claudia. Curioso cómo hay gente que cae en el jueguito de los roles todavía.
Anónimo dijo…
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