Sololá

Del otro lado del lago está Santiago, un lugar místico, con historias tristes, con niños corriendo por las empinadas calles, con bulla en el mercado, con rezos mitad en español mitad en lengua, con el color de los hilos de los güipiles y de las bolsas de mostacilla, con el talento de los Sisay, con la galanura de sus mujeres, con la protección de Maximón y con la sombra de los volcanes.

En ese lado también hay muchas necesidades, hay pobreza, hay hambre, hay luto, hay miedo.

El cielo se ahoga en llanto e inunda de nuevo las comunidades, lugares en donde la muerte tapizó el suelo y en donde la incertidumbre y el temor laten. Ya pasó casi un año desde que el Stan arrasó con todo, la gente se lamenta porque el Gobierno no ha hecho nada, los ríos pueden de nuevo desbordarse, las casas perderse con las corrientes crecidas, las escuelas siguen en ruinas, las calles enlodadas, el muelle parece un basurero y luego escucho que necesitan más dinero para la reconstrucción, ¿cuál?, ¿en dónde han construido algo?

En los otros pueblos la historia es más o menos la misma. En Pana, por ejemplo, el turismo ha disminuido, los vendedores se quejan porque el hambre es duro, porque las necesidades son muchas y porque se sienten solos.

Aún se observan casas destruidas, carros enterrados y puentes maltrechos, y quién sabe qué pase dentro de poco, cuando las lluvias, los huracanes y las tormentas arremetan de nuevo contra Sololá, contra Guatemala.

¿Dónde está todo el dinero que vino como ayuda para la reconstrucción? ¿Dónde está todo ese nacionalismo que impulsó GuateÁmala, que no llega hasta esta gente? ¿Dónde está el Presidente cuando no está de viaje y a dónde se fueron las promesas de su gabinete móvil? ¿Dónde están los candidatos a presidentes y a alcaldes, por qué no empiezan a hablar con hechos? ¿Dónde estamos nosotros cuando visitamos esos lugares? Por qué no dejamos de un lado nuestra visión chapina de turista local, emborrachándose en un bar en busca de extranjeros (as).

¿Por qué no tomamos a una familia del lago necesitada de nuestra cuenta y tratamos de ayudarlos un poco? ¿Por qué no vamos y limpiamos la playa? Todo es cuestión de intentarlo, ¿qué dicen?

Pd.
Pero como en todo, siempre hay cosas buenas para festejar, así que felicidades a Juan Miguel por la Revista Ati, la revista del Lago, ya salió el tercer número mostrando la vida, las preocupaciones y a la gente de Atitlán.

La Hora, 5 de julio de 2006.

Comentarios

Mario Palomo dijo…
Muy bien Claudia.
Hay que seguirle apostando a la sensibilidad.
Mario
Juan Miguel dijo…
Que de a huevo chofis, me emociono ver que escriubiste de por aca..
Muchos saludos
Quique dijo…
Verdad que e sfafera! Qué le dio el Juanmi por la publicidad???
(mentiras :D) Siempre es un placer leerla, besos.
Laura dijo…
Claudis, me conmovió mucho este artículo. Tanta razón en tus necesarias preguntas. Gracias por compartirlo.
Un beso.
León dijo…
Que bello, alcanza momentos de altos vuelos literarios. A veces me quisiera meter en tu cabeza para sentir esos ritmos que, como la bajamar y la pleamar haceb con las costas, bañan tus sentimientos. L

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