Terreno ajeno

Se vistió como creyó conveniente, no era un lugar habitual, el clima era algo indescifrable y el miedo no anda en burros, y es que las noticias asustan tanto, lo mejor, así lo pensó Matilde, era pasar inadvertida, estar sin que se note, deambular por el espacio con total tranquilidad, sin temor a manos que “acarician” sin permiso, dicen, ojos que desean lo ajeno y a ser objeto pues de piropos subidos de tono, que nunca agradan y que luego se quedan resonando en el subconsciente y no para animar el ego, como en la canción Cristina, de Sabina, sino más bien para perturbar la paz que la ignorancia de un vocabulario más allá de lo populoso propicia.

Así que, segura de sí misma, sin nada que perder, y con los ojos abiertos ante la variedad (y la nariz apretada ante el excesivo olor a orín), Matilde se desplazó por el Parque Central mientras a lo lejos la marimba sonaba y los globos de los vendedores se elevaban coloridos sobre las cabezas de niños y niñas.

¡Qué alegre! exclamó o quizá sólo lo pensó, en ese momento no tenía con quien hablar, y continuó su trayecto rumbo a la Concha Acústica , entre ventas de elotes locos con colores mexicanos, atol, tostadas y discos piratas a Q5.00.

Qué pensó en ese momento, no sé, tal vez se le antojó un algodón en palito o una doblada bañada en salsa roja y queso duro, el ambiente era festivo, gente iba, gente venía y Matilde empezaba a sentirse contenta por haber aceptado llegar y pasar el día en un espacio abierto en donde gracias al arte se olvidaban los dichos, los hechos y los maltrechos comentarios cargados de clasismo, racismo y otros ismos.

Ensimismada, atolondrada talvez por tanta bulla esquivó a un tipo, un hombre más bien bajito que extendía la mano con un volante. No gracias, dijo y miró al señor que dibujaba rostros a Q35.00, cuando sintió una mano en el hombro, de nuevo el volante aparecía frente a su nariz y tras de él, el mismo hombre, bajito musitaba tenga. Lo ignoró e intentó esquivarlo para continuar su camino, cuando escuchó: pécora, titubeó pensando el significado de esa palabra y al darse cuenta del mismo volteó de nuevo a ver al tipo bajito que, señalándola con el alta voz en la mano gritaba, pécora, pecadora, ella es una mala mujer…

No supo qué decir, decidió continuar hasta toparse con un niño pequeño lloroso y perdido, lo tomó en sus brazos para consolarlo, el llanto se convirtió en gritos, la gente empezó a mirarla de nuevo, como segundos atrás lo había hecho al escuchar los señalamientos del “evangelizador bajito”, ¿se lo estará robando? susurró una señora con delantal de encaje, y las miradas se estancaron en ella, en Matilde, la que quería pasar inadvertida. Sintió que avanzaban, el niño chillaba y el sonido de la música del vendedor pirata se confundió con la marimba que ya no se escuchaba tan fuerte, redoblantes que tronaban al pasar sobre la sexta, la predica del hombre bajito en el alta voz, mientras en la Concha Acústica un payaso decía que espejo en chino se dice ahí toy yo, todo se mezclaba, el bum, bum, EL DIARIO, EL DIARIO, a 3 por 5 los rellenitos, pecora, pecadora, suelte al niño, mala mujer, teclas de mi tierra, el olor, calor…

Soltó al niño, corrió a la Concha Acústica y empujó el portón justo cuando el payaso decía que rosado encendido en inglés se dice pink piririnpin pink pink...

La Hora, 15 de octubre de 2009.

Comentarios

Leon dijo…
Buenísima narrativa basada en hechos cotidianos. Sobre todo la descripción del vendedor de iglesias evangélicas, que venden a La Palabra como si fuera jabón: un idiota, misógino e intolerante. Genial.
Anónimo dijo…
por fin le broto lo fresa, chis el centro, no cabe duda tarde o temprano les sale lo burgues aunque se vivan vistiendo de gente "buena", yo amo a Guatemala, me visto de tipico tengo amigos inditos, indigenas perdon, y pobrecitos y hasta intimo con ellos porque es exotico andar con payasos, poetas y pintores de arrabal.
Anónimo dijo…
el perdon es por su "correcion politica", porque indios : indios

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