Tavito

Gustavo es un niño al que la vida me ha acercado varias veces, vende discos piratas, de esos que no fallan, también estuches para celulares, cuando hay partidos en el estadio dice que vende gorras, playeras, lo que sea, él es responsable en parte del sostenimiento de su casa, un lugar en donde él y sus hermanos llegan tan sólo a dormir y a entregar lo ganado cada día. Su padrastro es alcohólico, su mamá es vendedora ambulante como él, y sus hermanos, todos son receptores de la ira del padrastro, y en ocasiones también de la rabia de la madre, hasta el vecino les ha pegado.

En un par de ocasiones le ví moretones en los brazos y en la cara, cuando me contó como se los había hecho, me dijo con resignación, pero eso no es nada, viera como le quedan las piernas a mi mamá después de que su marido la patea.

Tavito, ve con normalidad los golpes, aunque no le gusten, yo misma lo escuché amenazar a su hermana con reventarle la boca más tarde por una broma que ella le hizo, como él, muchos niños y niñas en el país crecen en un ambiente de violencia y abuso.

A pesar de que la violencia intrafamiliar no siempre es denunciada, las cifras que existen son contundentes: aproximadamente un 60% de los homicidios de mujeres son resultado de la violencia doméstica. El abuso sexual y el incesto afectan a un 30% de las niñas y a un 18% de los varones.

En 1998, la Procuraduría General reportó 735 casos de maltrato infantil y en 1999 fueron 869 casos. La Comisión Nacional Contra el Maltrato Infantil, por su parte, registró en 1999, entre junio y julio, 63 denuncias. En ellas, la madre era la agresora en la mitad de los casos, el lugar de agresión más frecuente era el hogar (80% de casos) y el tipo de maltrato más denunciado fue el físico (48%), seguido de negligencia (32%), abuso sexual (12%) y maltrato emocional (8%).

Esto, cuando alguien se anima a hablar, pero lamentablemente, en la mayoría de casos todo queda en denuncia, y quienes agraden vuelven a hacerlo una y otra vez porque las leyes no son precisas, porque la violencia en los hogares en muchos casos, es vista como una medida correctiva, porque acá, a nadie le importa lo que le suceda al vecino.

Y aunque los moretones se desvanecen, la rabia contenida, el dolor acumulado, el miedo y la frustración no, se quedan ahí, y peor aún se reproducen.

(Con información de la Red Andi)

La Hora, 4 de octubre de 2007.

Comentarios

Gabriel Oliva dijo…
Gracias: Interesante tu columna, en la foto no lo aparentas, pero creo que tienes un gran sentimiento hacia los otros, por desgracia yo fui maltratado por mi propio padre y mi madre, a pesar que ya hace mucho tiempo no he superado todo eso,es terrible.Saludos y abrazos desde el exilio.
Delia dijo…
Que bueno.
Marco Paiz dijo…
Muy Buena columna, a penas hoy conoci tu BLog, sigo leyendo lo que me he perdido... Te cuidas.
Leon dijo…
La violencia es como la Hidra de Lerma, cortás una cabeza y salen nueve. La única forma de acabar con ella es deteniendo la violencia intrafamiliar. Y, como siempre, la tierra de las descargas de ira y odio en una familia son los niños.

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