viernes, abril 09, 2010

Arte y juventud de la mano

Mientras el panorama nacional es la mayoría de veces deprimente, hay noticias que generan esperanza, no de la partidaria, sino de la que nos dice una vez más que la juventud de este país es quien puede lograr el cambio, y es que precisamente son jóvenes quienes a través del arte despiertan a conciencia social en sus comunidades e invitan a otros a trabajar por una Guatemala plena de derechos.

“Por cuatro años consecutivos, cientos de jóvenes del interior de la República han participado en la producción de obras de teatro para promover los derechos humanos. “Muestra de Teatro por los Derechos Humanos”, una iniciativa promovida por el Instituto Centroamericano de Estudios para la Democracia Social (DEMOS) y que en su última edición contó con el apoyo de Plan International Guatemala y la Superintendencia de Administración Tributaria Esta actividad artística se ha trabajado con más de 2000 jóvenes de todas las regiones del país utilizando el teatro como una herramienta de expresión y de educación sobre derechos humanos.

Bajo la orientación de reconocidos artistas de teatro, las y los jóvenes participantes eligen diferentes temas o problemáticas sociales que les afectan, construyen los guiones y llevan a escena obras teatrales de excelente calidad que reflejan su visión sobre los acontecimientos políticos, culturales y económicos de sus comunidades y del país.

Las obras se caracterizan por su frescura, espontaneidad y en ocasiones crudeza, ya que estos jóvenes han encontrado en el teatro una plataforma de expresión para plasmar sus ideas y sentimientos.

El Grupo de Teatro “Los Seis de Rabinal” ganador de la IV Muestra de Teatro por los Derechos Humanos 2010, presentará la obra ganadora: “Fragmentos”. Hoy 8 de abril, a las 19:30 horas en el Teatro Manuel Galich, Universidad Popular en la 10ª. Calle 10-32 Zona 1.

Trabajo de creación colectiva realizado por las y los jóvenes que integran el grupo, quienes estuvieron bajo la asesoría del artista Marlon Pacheco.

La velada teatral estará acompñada por grupo de Xamanil de San Juan Comalapa, quienes presentarán la obra “Sentado en un ábrol caído” de Emmanuel Loarca, bajo la dirección teatral de Víctor Barillas”.

Gracias a la juventud por ser esa chispa que prende el cambio que nuestro país necesita.

La Hora, 8 de marzo de 2010.

Virgen de Pueblo

Justo cuando el sol me daba la espalda una vez más, vi a Raúl, manguera en mano, pararse sobre la banqueta, el agua irrumpía con fuerza el empedrado y yo pensaba en hacer bish. Sus tías se agruparon en el balcón aún con migas de champurrada en los bigotes y Roberto, Robertito, sacó un par de costales a la puerta, repletos de aserrín aún no teñido.

El olor a corozo era espantoso, tenía días de tener enrojecido el cuerpo gracias a esa ornamental pacaya gigante, así que decidí dejar de mirar tras la cortina el ritual de Raúl y Roberto, regando, cuadrando las manos y rascándose la cabeza, como cada año, siempre lo mismo.

Luego de untarme el cuerpo con Caladryl y de tomarme un poco de rosa de jamaica que sobró del almuerzo, me perdí en Velo de Novia en el canal de Telenovelas, viendo al guapo ciclista alborotando a todas, con esas licras pegadas, pedaleando, sudoroso…

El sueño me succionó y las imágenes del hombre en bicicleta, musculoso, febril, empezaron a confundirse con recuerdos aún en blanco y negro de Raúl con casco de cucurucho y un turno pegado al pecho, ese pecho que imaginé de almohadón en algún pasaje de mi existencia…

El aserrín caía como gotas de sangre del pedal de la bicicleta, y el atleta de licras azules y playera roja, con rostro a un solo tono de Raúl, iba perdiendo el grosor de sus tobillos, de sus camotes, de sus glúteos, cada pedalazo era como un suspiro de vida perdido y un chorrito de aserrín delirante que lo sorbía.

Mis ojos miraban perplejos esta acción, diluida un poco por el incienso incesante acompañado de tamborazos y rezos, Raúl se perdía, se acababa en la peregrinación de San Francisco hacia al parque, rodeado de penitentes, cucuruchos sombríos de rostros incandescentes que rumoraban y sonreían.

Yo le seguía abatida sobre una mesa de 3 x 8, tapizada de arroz y jacarandas marchitas, mi vestido blanco ondeaba con el viento un tul razgado, transparente y sucio.

Raúl se desinflaba. Su rostro envejecía y sus tías en el balcón cuchicheaban, mientras la miel de los jocotes se escurría entre las comisuras de sus labios casi yertos como ellas, enflaquecidas, oscuras, luctuosas.

El Ave María sonaba a lo lejos, y mi vestido blanco empezaba a estamparse de palomillas con centros calávericos, delirantes, llorosos. Yo lloraba…. como la Magdalena, como ese día, como en cada sueño.

Los rastros de Raúl marcaban el camino y dibujaban la alfombra que precedía mi paso, un rostro aparecía plasmado en aserrín, el mismo que el perdía a cada pedalazo, era el de Roberto, de Robertito, sonriente, triunfador, fatuo….

Las campanas retumbaban a lo lejos, la pantalla de la televisión anunciaba una blusa, faja, calzón reductor.

Tras la cortina, en la oscuridad de la noche, miraba a escondidas a Raúl esparciendo el aserrín sobre un trozo de cartulina sobre el empedrado. Roberto, Robertito, lo observaba, le sonreía, triunfador, vanidoso, enamorado.

La Hora, 25 de marzo de 2010.

Siguen muriendo

El 13 de marzo se conmemora el Día de la NO Violencia Contra la Niñez, expresión que ni siquiera debería existir porque si de por sí la violencia es inadmisible, referida a la niñez es imperdonable. Pero como la lógica no existe en sociedades como la guatemalteca, niños y niñas mueren por una bala perdida mientras duermen o juegan en el patio de su casa.

Las y los adolescentes ven reducidos sus espacios porque el “mal” acecha y en cualquier momento pueden morir por vivir en un vecindario sin seguridad, por no entregar su celular o por pertenecer a una pandilla, único espacio familiar que muchos conocen.

Esta semana, mientras se conmemoraba el Día Internacional de la Mujer, en los medios de comunicación escrita La Nana contabilizó desde enero al 8 de marzo, 130 muertes violentas de infantes y adolescentes, una cifra dura, preocupante, aterradora. Un dato que por lo visto las autoridades no han tomado en cuenta y que a muchas personas adultas les sirve para sermonear y sentenciar: “eso les pasa a los que andan en malos pasos”.

Lo cierto del caso, es que la niñez guatemalteca está muriendo por balas, cuchillazos, escopetazos, golpes, hambre, ignorancia y abandono. Por desidia por parte del Estado, con todo y sus programas sociales. Por indiferencia de una sociedad que parece tener tapaojos, como los caballos, que solo ve para adelante y para si, algo hasta cierto punto comprensible, pero no justificable, mucho menos cuando se trata de niños y niñas.

El año pasado, fallecieron más de 500 niños, niñas y adolescentes, los años anteriores la cifra ha sido similar, siguen muriendo en la capital, en el área rural y en las fronteras.

Muchos que aún viven padecen de abusos, explotación, miseria, desnutrición, soledad y además utilización, sí, porque ilustran las páginas de periódicos y revistas y espacios en Internet, en donde se habla de un país en vías de desarrollo.

Conmemorar este día es detenerse un momento y reflexionar, es exigirle al Gobierno que cumpla con lo prometido en la campaña electoral, dándole prioridad a la niñez, que además constituye una gran parte de la población; es llamar la atención de padres, madres y maestros sobre cómo educar a la niñez, es recordar que somos un país signatario de la Convención sobre los Derechos de los Niños y que ellos deben ser protegidos siempre.

Por eso, a través de este espacio quiero invitar a niños, niñas y adolescentes para que el sábado 13, desde las 9:00 horas se den cita con su familia en el Parque Central, frente al Palacio Nacional de la Cultura, para plasmar en una manta gigante sus sueños, sus necesidades y a la Guatemala que quieren: sin violencia, sin abusos, sin miedo.

La Hora 11 de marzo de 2010.

Abandono

De un tiempo para acá, Atitlán se ha puesto de moda, lamentablemente o mejor dicho, como suele ocurrir en esta nuestra Guatemala, por algo triste: el lago está en coma.

De esta cuenta, Gobierno, ONGs y otras instituciones han criticado, sugerido, propuesto y ofrecido, sin embargo, varios meses después de que la noticia de la presencia de la cianobacteria ocupara titulares, aunque noticia como tal ya no era, porque ya se había hablado al respecto, poco se ha hecho para su recuperación.

Se anunció el funcionamiento de una planta de tratamiento que evidentemente no va a poder procesar los desechos de más de 300 mil habitantes, ni mucho menos limpiar todo lo que ya se encuentra contaminado.

Pese a que el Instituto Guatemalteco de Turismo ofrece paquetes en hoteles para mover el turismo hacia el área y a que el lago aparentemente luce celeste y cristalino, el problema sigue latente a ocho metros de profundidad y creciendo cada día más, debido a esa falta de atención de parte de las autoridades.

Las calles de Panajachel se han empezado a llenar nuevamente de turistas, lo cual redunda en venta para restaurantes, hoteles y artesanos, pero un día después de las visitas se ven sucias, llenas de vasos, platos y bolsas de plástico, todo lo que intoxica más al bello lago.

La gente ha empezado a sumergirse en las aguas sin que autoridades estén presentes para alertar a los bañistas sobre los problemas que este momento recreativo puede desencadenar. Las lanchas continúan llenando de aceite y diésel el ambiente y muchos de los muelles atesoran, entre tierra y madera vieja, vestigios de basura que de un momento a otro nadarán en el lago movidos por el viejo Xocomil.

Como la política nacional es muy movida, los asesinatos de pilotos de buses no cesan y otros países viven catastrofes nacionales, el tema del lago y su terrible estado pierde importancia. Es imprescindible que las autoridades tomen acciones inmediatas, que dejen de dar declaraciones aporreándose el pecho mientras piden una ayuda internacional que quizá nunca llegará a su destino. La población que circunda al lago debe tomar medidas para que esas plantas de tratamiento empiecen a funcionar y para sancionar a quienes contaminen el lago y por supuesto los empresarios del área, que tanto se han beneficiado de esta maravilla natural, deben hacer algo más que ofrecer habitaciones al dos por uno y pagar uno que otro anuncio que los haga “socialmente concientes”, pueden ser ellos quienes implementen otras plantas de tratamiento, pongan botes de basura en las calles de los municipios, con personas que puedan darles mantenimiento, y organizen jornadas de limpieza del lago, mientras el gobierno central y las municipalidades logren coordinarse y funcionar como deben.

La Hora, 4 de marzo de 2010.

Temblores

No voy hablar de los que recientemente nos despertaron moviendo nuestras camas y clamando desde la tierra por tanto dolor que la atosiga.

Hablo de las sacudidas producidas por cuestiones político-electoreras, Mi Familia Progresa y la negativa de un ministro quien, poniéndose la camisa de un “gobierno solidario”, deja atrás esa imagen de seriedad y rectitud que lo caracterizaba, convirtiéndose él también, como muchos otros que a diario roban cámara y otras cosas, en un títere de una administración que valiéndose de un eslogan en pro del pueblo hace y deshace con nuestros impuestos, nuestra dignidad y nuestro futuro.

Y es que aunque ese programa aparentemente está apoyando a familias en extrema pobreza, continúa sin ser fiscalizado, una negativa que como ya mucho se ha dicho lleva a pensar que algo esconde y que los dineros del país no van en su totalidad a las manos de la población guatemalteca. Esto no es nada nuevo, en cada gobierno las y los funcionarios agarran su tajada y este no ha sido la excepción, para muestra el doble salario del comunicador del vicepresidente, algo que muchos otros funcionarios reciben y que ojalá en algún momento salga a la luz pública para que ese maquillaje que usan frente a los flashes se desvanezca y los muestre tal y como son: sinvergüenzas, corruptos, aprovechados y mentirosos.

Ojalá también que la Corte de Constitucionalidad cumpla su función y destituya a Argueta y obligue al Ejecutivo a entregar la información que Nineth Montenegro, en su papel de fiscalizadora y agregaría yo, de diputada consiente, exige.

Otro de los temblores es el producido por las manifestaciones, ahora no masivas del gremio magisterial. Aunque este un sismo que no se origina nada más en las demandas de los maestros, sino también en la ineficiencia de quienes laboran en el Ministerio de Educación.

Muchas personas, como yo, criticamos el mal desempeño de los docentes, la inasistencia, la falta de entrega hacia las y los estudiantes y sus paros laborales, pero debería estar claro que mientras no cuenten con un salario digno que les permita vivir, más que sobrevivir, no podremos exigir esa calidad educativa que a todas luces está ausente en Guatemala y que se refleja en el actuar de las y los ciudadanos, perpetuando esa condición de sumisión que heredamos de la Colonia y que aún permite que gente sin escrúpulos, como los políticos de ayer y hoy, sigan abusando de nosotros.

A esto hay que agregar el terrible pensum académico y las deplorables condiciones en las que están sumidas muchas escuelas, gracias al terrible despilfarro y robo en las arcas nacionales. Para muestra están el despampanante aeropuerto y las cuentas del reo Portillo, que quién sabe si algún día regresarán a donde corresponden.

Todo esto tambalea nuestro sistema, teniendo una víctima recurrente, la niñez. Son ellas y ellos quienes siempre pierden, porque no hay escuelas o escritorios, porque las refacciones están vencidas, porque vale más el prestigio de un ex presidente de derecha, quien realiza una obra de infraestructura gigantesca a costa de la educación, o valen más los estudios universitarios de la hija de un ex mandatario que representó una propuesta política del horror de la guerra. Porque vale más el pacto fiscal y el apoyo de Joviel a Colom o viceversa, porque al final aún no votan o porque acá, no hay quién pueda defendernos.

La Hora, 25 de febrero de 2010.

Del porqué de mi mal humor

Hoy regreso de un viaje corto hacia el norte del país: molesta, irritada. Tiempo perdido por un vuelo que se retrasa, una línea aérea en donde no tienen la más mínima atención de avisarle a las y los pasajeros de un cambio de más de dos horas, un aeropuerto tipo iglú en plena selva tropical, carente de servicios mínimos para el viajero y el deja vù de una parada de bus urbano al límite, al momento de abordar el avión. Y claro, pasaje con precio en dólares e impuestos que no se sabe a dónde van. Por si esto fuera poco, algo más que va por el aire se posa en mi ojo derecho produciendo una inflamación similar a la de mi hígado luego de esta experiencia.

Ayer, madrugo para llegar a tiempo al nuevo aeropuerto, ya con mi pasaje prechequeado, embarco mi equipaje y me dirijo a Banrural, una agencia con más de tres cajas, pero sólo un empleado, en donde se consumen varios minutos en una cola enorme matizado por el frío de la mañana.

Después me encamino hacia el área de migración, en donde encuentro nuevamente una larga cola, detenida a momentos por quienes, portando una camisa de una empresa importante, obvian este paso con el visto bueno de un empleado de esta área.

El tiempo transcurre, es la hora de abordar y por más que le explico eso a la funcionaria, oficial, policía o empleada, permanezco en el mismo lugar, mientras me hacen despojarme de todo, y me revisan dactilarmente sin uso de guantes. Mientras guardo todo lo que me han desbarajustado, escucho las quejas de pasajeros quienes deben dejar en una caja perfumes, lipsticks, cremas y talcos.

Angustiada por el tiempo, corro por el gigantesco pasillo dejando a mi lado tiendas de Duty Free, espacios de comida rápida y gente adormitada. Llego a la puerta de embarque y me piden que camine a la pista para subir a la avioneta. En ese espacio hay tres, pregunto cuál debo abordar y en eso escucho un chiflido de un empleado de la línea aérea, que cual animal bovino me llama a resoplidos y señas chasqueándome los dedos para que me apure, ¿cómo si fuera culpa mía el retraso? Ya dentro de la aeronave, como es usual, el espacio superior de mi asiento está lleno, la revista que va en la bolsa del sillón delantero tiene llenada la parte del entretenimiento y minutos más tarde, ya en el aire, me dan un vaso de jugo y una galleta petrificada. Cierro los ojos y recuerdo las paredes del aeropuerto vacías, las gradas eléctricas sin funcionar y una bolsa ziploc como solución a la inseguridad de volar con un perfume en la cartera, “si tiene bolsita se lo puede llevar en su equipaje de mano”.

¿Qué fue de ese dinero que dejó a escuelas sin presupuesto y niñas y niños sin refacción?, ¿quedó ahí, aunque dónde, o en los bolsillos de otros que quizá jamás le harán compañía a Portillo en las frías noches de Fraijanes?

La Hora, 18 de feberero de 2010.