Desde los años 90 hasta ahora se ha dado una irrupción de los pueblos indígenas en el escenario local e internacional que ha permitido que se escuche su voz, o al menos eso es lo que se dice, se anuncia y se publicita. Pero, ¿realmente se escuchan sus reivindicaciones? ¿En realidad van ganando terreno en un espacio del que fueron despojados? O, ¿son simplemente acuerdos y posturas las que vemos reflejadas, especialmente en los medios de comunicación, cuando en realidad lo que se está haciendo, al menos en el caso específico de Guatemala, es reciclar posturas de la Conquista?
Primera parte
Exclusión y desarraigo perennesA raíz del conflicto armado interno que se vivió en Guatemala durante 36 años, y luego de la firma de una “paz firme y duradera” en 1996, entre la Guerrilla y el Ejército, organismos internacionales, Organizaciones no Gubernamentales (ONGs), iglesias, e incluso los gobiernos, han acompañado a comunidades y poblaciones indígenas en una travesía que, se espera, los lleve hacia el fortalecimiento y logros, en muchos casos, de las reivindicaciones de sus derechos como ciudadanos y ciudadanas, que resulta ser una forma de resarcimiento, dadas las condiciones históricas que les han tocado vivir .
Tanto en Guatemala como en el continente, se empezó a hablar de este tema desde hace décadas y ha sido el punto focal de muchas corrientes políticas e intelectuales las cuales, tras un análisis de por qué estos pueblos son en su mayoría pobres, se dieron a la tarea, no sólo de encontrar la razón, sino de hallarle una solución viable. Según la corriente política que motivara los análisis, así han sido las conclusiones a que se ha llegado. Sin embargo, al margen de éstas, una cosa resulta innegable, y es que se les ha sometido desde tiempos coloniales, a un sistemático despojo de su cultura y bienes materiales.
Este resarcimiento o búsqueda de cambio, es necesario, además, tomando en cuenta que más del 60 por ciento de la población guatemalteca es indígena, y que toda persona nacida en el país cuenta con los mismos derechos y garantías constitucionales. Las y los indígenas pueden exigir, por tanto, como pueblos o como personas, disfrutar plenamente de todos los Derechos Humanos y las libertades fundamentales reconocidos por la Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Normativa Internacional de los Derechos Humanos, al menos, en el papel. He ahí el quid del asunto.
Segunda Parte
Oportunismo y demagogiaSin embargo, a mi criterio, los pueblos indígenas, en esta búsqueda de la reivindicación de sus derechos, han sido utilizados por unos y otros. Tanto por políticos locales como internacionales, por organismos internacionales, ONGs y, especialmente, por el Gobierno, siempre para sus propios intereses.
Hablamos de una realidad que se vive de forma parecida en muchos países de Latinoamérica, y que se acentúa en aquellos con poblaciones indígenas, con terribles resabios, como guerras y niveles extremos de pobreza, falta de oportunidades en educación y salud, más que sus peticiones, incluso las más fuertes, son invisibilizadas por el sistema y los medios de comunicación de forma sistemática o se les distorsiona hasta dejarlas irreconocibles.
En cambio, eso sí, las marchas, congresos, protestas y cumbres de pueblos indígenas han servido a los gobiernos de turno para determinados fines, como manipulación política, obtención de fondos por parte de donantes internacionales, fomento de imagen o sustento de políticas tan efímereas, como los periodos de los gobiernos mismos.
Mucha gente que labora para organismos internacionales y ONGs se ha visto beneficiada, además, por la situación que enfrentan los pueblos indígenas, con grandes desembolsos, que si bien contribuyen en parte al cambio y a una mejora de vida, favorecen a engrosar las cuentas de muchos nacionales y extranjeros.
Hasta acá, todo bien, se han dado cambios, se ha fortalecido el liderazgo de muchas personas, hombres y mujeres y se ha logrado el desarrollo de cooperativas y de organizaciones de Derechos Humanos, y en el caso específico de Guatemala, de Derechos Indígenas.
Pero cuando escuchamos con detenimiento los discursos que desde estas plataformas se pronuncian, podemos detectar mensajes reciclados, dictados más bien por intereses específicos y una queja constante con un dedo apuntador que, en lugar de crear unión entre pueblos mayas, separa, divide y con eso responde a aquellas consigna atribuida a Maquiavelo: “divide y vencerás”, Quizá de ahí provenga nuestra situación actual en gran parte. Dividir es una estrategia utilizada ya por los españoles para consolidar la conquista y fue tan efectiva, que se ha llegado a pensar que la utilizaron los estrategas militares estadounidenses con el mismo fín, durante la Guerra de Vietnam.
Por tanto, aunque magros, se han obtenido resultados. Pero ellos sólo son la punta de un témpano que se hunde profundamente en la noche de la Historia. Aún falta reconocerles su derecho a manejarse plenamente en su propio idioma, a mantener vigentes su cultura, con sus costumbres y tradiciones, lo cual incluye temas como etnomedicina y etnobotánica, porque son parte inherente de su cosmovisión. Sin embargo, se les sigue bombardeando con agentes transculturadores, como propaganda de corte ciento por ciento occidental y la incursión agresiva de creencias foráneas, como el evangelismo.
Los mismos centros de salud instalados en los municipios y aldeas carecen de pertenencia cultural. Vale decir que están ausentes, o aparacen como una minoría entre puestos representativos o en donde la toma de decisión sucede a nivel del país, pese a que el actual Gobierno ha anunciado con bombos y platillos ser solidario e incluyente y ondea la bandera de los cuatro pueblos en cada dependencia pública.
Finalmente, una política de Estado diseñada e implementada a largo plazo, que fortalezca de manera continuada la salud y la educación, con igualdad de oportunidades para todos, es básica como piedra de fundación de un mejor futuro para todos en Guatemala y hacer un sincretismo entre las ideas occidentales que nos rigen desde hace mucho, con las suyas, enriquecería su cosmovisión y ayudaría para la creación y más aún, implementación de políticas públicas eficaces y efectivas.
No obstante, esto aún no es tal, hay esbozos, intentos apenas, y mucha publicidad en el ambiente, muchas caras compungidas frente a Naciones Unidas, abrazos “solidarios” y promesas. Hasta ahora, las verdaderas reivindicaciones de los pueblos mayas no se han escuchado y discutido como debieran, de ahí que instancias como el Consejo Oxlajuj Baktun afirmen haber perdido protagonismo y liderazgo como tales, en la construcción de la paz, la nueva nación y la democracia plena, pese a que tuvieron una activa, beligerante y propositiva movilización antes, durante la negociación y después de la firma del Acuerdo Sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas.
Falta ver si es este un intento auténtico del movimiento indígena en busca de un proceso de construcción social y política maya, o si es nuevamente una postura más dirigida y liderada por otros en busca de un objetivo específico con una conducta reciclada hambrienta de más control y poder, falta ver también qué relevancia dan los medios de comunicación nacionales al tema, y si dejan de manera muy gratuita de usar las imagénes de mujeres, hombres e infantes indígenas para adornar sus espacios turísticos, ilustrar sus notas de pobreza y promover el “folklor”, más no la cultura con la que aspiran a apremio y reconocimientos de respeto e identidad.