(Hace ya unos meses escribí UK, como primera parte de mi bitacora de Todos los caminos conducen al Big Ben. Un poco por hueva, porque el tiempo se busca, no he escrito aún la continuació. Pero aprovechando que escribí este texto para la Revista Ati).
...pero no de peso….. Sí, Londres es una ciudad excesivamente cara, por lo que me alegro mucho de haber llenado mi mochila con barritas de cereal, prefiero comer eso que pagar casi Q75 por un menú en Mcdonalds. Además, me viene bien tenerlas a mano, no tengo que desviarme en mi recorrido por buscar un lugar de comida rápida que es lo único a que accedo económicamente.
La ciudad es enorme, pero eso se libra fácil con el magnifico servicio de transporte, metro, bus y tren, caro si, pero seguro, limpio, rápido, y para alguien de un país en donde el trasporte así es una utopía, es toda una aventura el subir a un bus y otro, ver el panorama desde el segundo nivel, y jugar con los tickets y los mapas en las paradas de buses.
Con tres libras, es decir casi Q45 puedo transportarme el día entero y recorrer la ciudad y sus sitios turísticos.
Y aunque para el recién llegado la prioridad es el Big Ben, el palacio de Buckingham, la Abadía de Westminster, el cambio de guardia por los soldados con sombreros de piel de oso, lo cual es detestable, Picadilly Circus y el ojo de Londres. Ya con un par de días de estadía, son otros los lugares que llaman la atención, como los museos. Soberbios, gigantescos, pulcros, perfectamente diseñados. Obras de Miguel Ángel, Tintoreto, Van Goh, Go Gan, Velásquez, Dali y Picasso, aparecen sala tras sala, contando la historia del arte, la del mundo…
Niños y niñas caminan por los pasillos con uniformes de cuentos de hadas, y con papel y lápiz juegan a buscar la perspectiva alzando el pulgar mientras bocetean alguna de esas obras maestras. Y pese a lo cara que es la ciudad, esos lugares son gratuitos para propios y extraños, maravilloso.
Cada edificio diseñado con precisión, es también una obra digna de contemplación, las jardineras que cuelgan vistosamente de las antiguas paredes hacen que Londres pierda, al menos para mí, esa sensación de seriedad y distancia, lo cual reafirmo al platicar con transeúntes chicharacheros que me sugieren nuevos puntos de visita que no aparecen en la guía de Lonely Planet.
Así me pierdo entre los parques, que los hay por todos lados, inmensos, verdes, en donde las ardillas corren presurosas entre un árbol y otro, y en donde de nuevo, los niños y niñas juegan tranquilamente disfrutando de la naturaleza aún en plena ciudad.
Cuando la tarde empieza a teñirse de oscuro, las luces de los teatros iluminan las posibilidades de distracción, aunque claro, esto implica abrir la billetera y olvidarse de uno que otro souvenir, pero vale la pena. Terminadas las funciones, los pubs, llenos, vestidos de personas con cigarro en mano en las afueras, coquetean con cerveza espumosa de manos de bartenders de ojos claros y tez pálida, otros con acento de samba y pieles bronceadas y uno que otro australiano con pinta de surfer para subir la temperatura que ya en estas épocas es duras para una inmigrante centroamericana sin costumbre de guantes y sombreros.
De vuelta al hostal, la noche se va perdiendo, la gente camina tranquila por las calles, los buses sin brochas trasladan a los alegres bebedores sobre las calles en perfectas condiciones, mientras el metro permite recorrer la ciudad, con una sensación de inmersión terrestre.
En la mañana, fría pero soleada. El Tamesis invita a navegar un poco, divisar el puente de Londres y luego retomar las calles para llegar a la Catedral St Paul, Salisbury, o quizá el museo de cera y Shakespeare Globe Theater y ver las vitrinas prenderse a medida que el tiempo transcurre.
Ya en la noche, una más en esta ciudad impactante, quizá ir al The Ministry of Sound a escuchar el drum n' bass o house y dejar el sereno se cristalice en las aceras, en donde el día siguiente los pasos buscaran ir a Oxford y encontrar un gato como el de Alicia para tomar un té, que aún no he probado a las 16:00 horas, en punto.
jueves, febrero 12, 2009
Julio Cortazar, inventor de sueños

“...has visto… has tocado…has vivido… has sabido…”. Julio Cortazar
Lo conocí por La vuelta al día en ochenta mundos, un libro que mi mamá guardaba con extremado cariño y que llamó mi atención por los grabados que tenía, que luego descubrí eran sobre obras de Julio Verne. Quizá, y debo decirlo aunque me apene, me acerqué a él movida por el nombre, parecido pero al revés, al de una caricatura de la obra de Verne, precisamente, en donde Phileas Fogg y Passpartout intentan en 80 días recorrer el mundo de cabo a rabo. Pero ellos pasaron a ser historia, cuando descubrí entre letras y dibujos a los cronopios, a las famas y a las esperanzas.
Lleno mi mente de imágenes maravillosas, de palabras pero sobre todo de conceptos, de toda una cosmovisión creada por él que ha trascendido a su autor y ha pasado ya a formar parte del imaginario que lega al mundo América Latina.
Luego me encontré con Casa tomada y, aunque en ese momento no entendía del todo el significado de esa historia, soñaba con ser la muchacha del Dauphine en una carretera como la de La autopista al sur e intentaba borrar de mi mente la imagen asquerosa que me hice de los conejitos del cuento Carta a una señorita en Paris.
Rayuela me impactó, me envolvió, me descuadró más bien. Con Lucas sentí mucha empatía. Siempre quise entrar a un café y pedir azúcar, azúcar, imitar el zumbido de una mosca y salir silbando, como si nada, cual metáfora de la vida se tratara.
Ya después encontré su imagen captada por Sara Facio en los jardines de la Unesco, en Paris, que me mostró María Cristina Orive y me detuve a conocerlo más a través del Último Round, el mejor collage de la historia.
Amaba como yo el box y los gatos, del jazz no soy precisamente fan. La entrada a la religión de Teodoro W. Adorno, me hizo ver más especial a mi felino amarillo.
Con sus instrucciones aprecié mi llanto, mi canto y lo recuerdo a veces cuando subo una escalera. Y luego ya con el aplastamiento de las gotas, las gotas de lluvia, de llanto, me permití derramarme igual, angustiarme igual, sufrir igual.
Hoy hace 25 años dejó de respirar, más no de vivir, porque cada letra, prosemas y meopas, lo hacen vivir en quienes a través de su ingenio de cierta forma de nuevo nacemos.
La Hora, 12 de febrero de 2009.
miércoles, febrero 11, 2009
¿Cuál gente?
El Presidente, sus funcionarios y otras instancias del país, parecen vivir en otro lugar. Un lugar también hermoso, pero seguro, en donde las escuelas son más que los bares, en donde las mujeres no se mueren al dar a luz, en donde la infancia juega, canta y sueña.
Como me gustaría que así fuera, pero lamentablemente la realidad supera a su ilusión. Lo de las escuelas, la “educación gratuita” y caminito de la escuela…. Ya todos sabemos como es, como va. Que han hecho cosas; no puede negarse, pero no lo suficiente, no en todos lados. Ya quisiera yo que algunas escuelas, no digo aulas, de lugares remotos del país fueran del tamaño del despacho de la Ministra de Educación o del Vicepresidente. Pero la realidad es otra: niños y niñas hacinados en pequeños espacios en donde el primero, segundo y hasta más grados de primaria comparten además del espacio a la maestra.
La reducción de la mortalidad, tengo mis dudas, porque de ser ciertas las estimaciones del Gobierno, en tres años aproximadamente deberían de haber terminado los riesgos de morir así, y eso no ocurre en otros lugares en donde hay un mejor trabajo en el área de salud. Habrá que esperar, yo como Santo Tomás….
Y luego, la seguridad. Vaya tema. Que han disminuido las muertes en comparación con otros años, por favor, a quién pretenden engañar. Tan sólo en los medios escritos del país solo en el mes de enero aparecen 58 personas menores de edad muertas de forma violenta, 37 a causa de impactos de bala. Y es claro que si los medios de comunicación dan cuenta de esa cifra, la misma debe ser mayor, en muchas de las notas se señala que quedaron otras personas heridas que quien sabe si han sobrevivido. Y qué pasa con los que no llegan a aparecer en los medios…
Es más, hay casos en los que las víctimas fueron violadas, torturadas y un caso particular de dos jóvenes acribillados en la Aldea Santa Clara La Reforma San Marcos , por un comando armado clandestino. Ver estas noticias es como retroceder en el tiempo y experimentar esa angustia de poder morir en cualquier momento.
Ni que decir de las balas perdidas, niños jugando en el patio de su casa como la ronda, pero que por no agacharse perdieron la vida por un proyectil.
Y así dicen que todo ha mejorado, que primero la gente, que vamos bien y que quienes cuestionamos un trabajo a todas luces mal hecho, somos rastreros y miserables.
Me molesta que no se respete a la infancia, que no se cumplan las leyes, me molesta la hipocresía, la mentira, la falta de seriedad y de otras cosas.
Me irrita además que haya quienes secunden esta afirmaciones tan erradas, por conveniencia, por ignorancia o porque sencillamente son poco profesionales y faltos de luces.
La Hora, 5 de febrero de 2009.
Como me gustaría que así fuera, pero lamentablemente la realidad supera a su ilusión. Lo de las escuelas, la “educación gratuita” y caminito de la escuela…. Ya todos sabemos como es, como va. Que han hecho cosas; no puede negarse, pero no lo suficiente, no en todos lados. Ya quisiera yo que algunas escuelas, no digo aulas, de lugares remotos del país fueran del tamaño del despacho de la Ministra de Educación o del Vicepresidente. Pero la realidad es otra: niños y niñas hacinados en pequeños espacios en donde el primero, segundo y hasta más grados de primaria comparten además del espacio a la maestra.
La reducción de la mortalidad, tengo mis dudas, porque de ser ciertas las estimaciones del Gobierno, en tres años aproximadamente deberían de haber terminado los riesgos de morir así, y eso no ocurre en otros lugares en donde hay un mejor trabajo en el área de salud. Habrá que esperar, yo como Santo Tomás….
Y luego, la seguridad. Vaya tema. Que han disminuido las muertes en comparación con otros años, por favor, a quién pretenden engañar. Tan sólo en los medios escritos del país solo en el mes de enero aparecen 58 personas menores de edad muertas de forma violenta, 37 a causa de impactos de bala. Y es claro que si los medios de comunicación dan cuenta de esa cifra, la misma debe ser mayor, en muchas de las notas se señala que quedaron otras personas heridas que quien sabe si han sobrevivido. Y qué pasa con los que no llegan a aparecer en los medios…
Es más, hay casos en los que las víctimas fueron violadas, torturadas y un caso particular de dos jóvenes acribillados en la Aldea Santa Clara La Reforma San Marcos , por un comando armado clandestino. Ver estas noticias es como retroceder en el tiempo y experimentar esa angustia de poder morir en cualquier momento.
Ni que decir de las balas perdidas, niños jugando en el patio de su casa como la ronda, pero que por no agacharse perdieron la vida por un proyectil.
Y así dicen que todo ha mejorado, que primero la gente, que vamos bien y que quienes cuestionamos un trabajo a todas luces mal hecho, somos rastreros y miserables.
Me molesta que no se respete a la infancia, que no se cumplan las leyes, me molesta la hipocresía, la mentira, la falta de seriedad y de otras cosas.
Me irrita además que haya quienes secunden esta afirmaciones tan erradas, por conveniencia, por ignorancia o porque sencillamente son poco profesionales y faltos de luces.
La Hora, 5 de febrero de 2009.
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